Esta etapa la tenía marcada en rojo en el calendario de la Transpyr de este año.

Aquí el año pasado tuve un pajarón de cuidado, aunque al final la cosa acabó bien, con esa guinda perfecta que es la larga bajada por sendero desde la Peña Montañesa hasta Aínsa, incluyendo las cortas pero espectaculares “badlands”.

Menos de 100km por delante, ¿un día fácil?

Como es habitual salgo con calma, pues nada más empezar se suben unas rampas de asfalto impresionantes, aunque luego la pendiente se suaviza cuando pasamos a un camino roto y pedregoso. En menos de 10km estámos ya de nuevo en el asfalto para pasar a Aragón por el puerto de Bonansa, es un pequeño puerto al que llegamos casi a punto de coronar, después de atravesar la población del mismo nombre. Seguimos por carretera hasta el primer avituallamiento, en Espes.

Después del avituallamiento empieza una subida de 12km con gran desnivel y sobre todo muy incómoda, llena de piedras y sin una trazada clara a causa de las roderas y los afloramientos pedregosos.

La etapa de este año presenta algunas variaciones importantes a partir de ahora: la bajada hasta el río Esera, antes de iniciar la ascensión a la Collada, se hace por el Valle del Bardají en vez de por el Valle del Esera (que sigue al río y la nacional). De nuevo se evita un tramo de carretera nacional de 9km. Las vistas de este nuevo valle son magníficas. Pero antes afrontamos una nueva subida, más cómoda, y una bajada hasta Campos por un sendero inicial muy poco ciclable, muy peligroso, con mucha piedra. Después alcanzamos una pista amplia y rápida, gracias a la pendiente. Llego a Campos con las manos doloridas.

El valle de Esera desde el macizo de la Maladeta.

Después de la comida me engancho a otro corredor con quien he subido hasta la Peña Montañesa. Ha sido increíble, aquí pensaba que moría el año pasado y este año subimos a un buen ritmo, sin bajarnos de la bici y encima, hablando como cotorras todo el rato, ¡desperdiciando unos vatios preciosos!

Después de coronar, me separo de este compañero ocasional, que corre con su padre y debe esperarlo y me he engancho con otro corredor con el que hago el descenso entero hasta Aínsa.

Me encanta este descenso, yo no destaco precisamente por mi técnica bajando, pero el descenso de Aínsa es perfecto para mí, es el nivel justo para que disfrute, en algunos sitios más que otros, e incluso me emocione en algunos lugares. Pero siempre con cuidado, ¡encontramos un corredor con la clavícula rota!

Sustituyendo “air” por “cara de velocidad”.

Llego ya a Aínsa de nuevo en solitario, solo queda subir hasta la Plaza Mayor. Veo que el tiempo total de la etapa en mi GPS es de 8 horas y 56 minutos, y me digo… ¿seré capaz de llegar a meta en menos de 9 horas? Apreto y apreto, y al final me sobra un minuto…

Me encuentro fantástico, y estoy disfrutando de lo lindo. ¡Llegar con fuerzas al final de la cuarta etapa de la Transpyr, con ganas de vencer al crono! Ya lo he notado esta mañana y ayer por la noche. Si estás bien y comes bien, con gusto, con hambre, es que el cuerpo está tomando esta afrenta de buena manera. La cena de ayer fue estupenda, risotto y vedella amb bolets, y el desayuno de hoy espectacular, pa torrat amb tomàquet i fuet y unos croissants espectaculares. ¡Así cualquiera!

Pero hay que rebajar la euforia, porque aún quedan tres etapas y puede pasar cualquier cosa. Al fin y al cabo, esto es la puta Transpyr…

Transpyr 2016 Etapa 6: Jaca – Burguete