El reto ciclista para este 2020 es la CAT700, ¡con permiso del Josa Road Tour!. Sus creadores la resumen en tres conceptos: larga distancia, bikepacking y autosuficiencia. La CAT700 propone una aventura en bicicleta de montaña que recorre Catalunya de norte a sur: el itinerario parte de la población de Les, en la comarca de la Val d’Aran (Lleida) y finaliza en el Delta de l’Ebre (Tarragona). En un máximo de 110 horas hay que recorrer aproximadamente 680 kilómetros y superar 17.500 metros de desnivel positivo acumulado, siguiendo el itinerario facilitado por la organización, sin ningún tipo de soporte externo, más allá del que se pueda procurar el propio participante por su cuenta.

En la CAT700 no hay etapas, es non-stop, el participante escoge cuándo y dónde parar, y tan solo es monitorizado a distancia por la organización a través de un localizador GPS. No es una prueba competitiva, y ni siquiera hay dorsales (dado que los participantes no son muchos, la organización prefiere conocerlos por el nombre y no por un número de dorsal).

El recorrido se hace a través de pistas de tierra y vías secundarias, y es ciclable casi al 100%, es decir, se trata de un recorrido no técnico, y por lo tanto, es compatible para bicicletas de montaña, pero también para bicicletas de gravel. Personalmente, voy a participar con una bicicleta gravel o “anything bike” con la que ya hice una ruta de bikepacking el pasado octubre, mi Nordest Albarda M2.

Cambio de fechas
Tradicionalmente la CAT700 se celebra en junio, pero este año y debido a la pandemia se ha pospuesto hasta octubre. Esto introduce un par de factores nuevos muy importantes, que la convertirán en algo totalmente diferente de lo que había sido hasta ahora. Y es que ni la meteorología de octubre es la misma que la de junio ni tampoco serán las mismas las horas de sol de las que dispondremos. Perder casi cinco horas de sol al día y pasar de junio a octubre en una aventura como esta, en la que hay que recorrer casi 700 km en cinco días y con etapas pirenaicas en las que siempre estaremos entre los 1100 y los 2200 m de altitud, requiere de una reconsideración profunda de algunas partes de la estrategia. La iluminación (foco y frontal en el casco) y la selección de la ropa serán fundamentales. Me gustaría que las nuevas necesidades en la equipación, fundamentalmente más ropa de abrigo, no hiciesen variar mucho mi deseo de ir lo más ligero posible. La idea es llevar dos equipaciones, una de ellas de otoño/invierno y otra de verano para combinar con manguitos y chaleco y una muda casual para después de cada etapa. El material obligatorio, aunque contendrá algunos elementos muy minimalistas (como el “saco de dormir” de emergencia, que no tengo intención de utilizar), va a ir sumando espacio y peso, así que intentaré llevar solo lo necesario.

Parece suficiente luz…

Otra cuestión que he revisado es la alimentación, especialmente en los Pirineos. Se trata de la parte del recorrido que concentra mayor desnivel y que se encuentra más despoblada y será más difícil encontrar servicios, así que he pensado que al menos los dos primeros días utilizaré más geles y barritas de las que tenía previsto utilizar si la prueba se realizaba en junio, con la idea de que me permitan ganar tiempo. No quiero que se me haga muy de noche en medio de los Pirineos! Intentaré por tanto tratar esos días como si fuesen dos ultramaratones independientes, en las que suelo llevar suficiente alimento como para evitar parar demasiado a comer, si fuera necesario.

El recorrido definitivo para la edición 2020 de la CAT700

Estrategia general
Con el track definitivo ya en mis manos, ya puedo empezar a establecer una estrategia. Ya había estudiado en profundidad la ruta seguida el año pasado, poniendo especial énfasis en cómo diferentes participantes gestionaron las etapas. Por suerte, este año no ha habido grandes variaciones, por lo que el análisis del recorrido del pasado año me será útil. El recorrido de este año reduce un poco el kilometraje y se evita algún rodeo (aunque aumenta el desnivel, pero de los datos de desnivel siempre es difícil hacer comparaciones por las diferencias entre GPS). Para poder estudiar una estrategia busqué en Strava y Wikiloc, encontrando, de momento, cuatro participantes que creo que pueden servirme, ya que sus ritmos me parecen asumibles. Por ejemplo, casi todos ellos coinciden en hacer una primera etapa desde la salida en Les hasta Rialp o Sort, por tanto eso significa una primera etapa de unos 152 km y unos 3800 m+. La segunda etapa presenta una disyuntiva, ¿despedirse de los Pirineos totalmente, dejando así atrás las etapas de mayor desnivel, realizando una etapa aún más larga que la primera, o bien hacer noche antes? Por ejemplo, llegar hasta Ponts desde Sort en la segunda etapa significa recorrer  167 km y 4600 m+, llegando con toda seguridad de noche. Si se quiere dormir en un hostal o similar, o bien se para en Organyà o bien se sigue unos 89 km más hasta Ponts. A causa del cambio de fechas, tanto la meteorología como las horas de luz solar se tendrán que tomar en cuenta y muy posiblemente se deberán tomar decisiones sobre la marcha.

A pesar de estas incertidumbres, y teniendo en cuenta mi experiencia en recorridos de larga distancia, mi estrategia general será minimizar las paradas en ruta y dar prioridad a acabar las etapas en lugares donde haya una infraestructura hostelera que me permita comer y descansar bien. Personalmente me gusta maximizar el tiempo en movimiento, ya que después de una parada muy larga me cuesta volver a coger ritmo. Por poner un ejemplo, en la Quebrantahuesos del 2019 mi tiempo total fue de 7:51, mientras que el tiempo en movimiento fue de 7:45. Evidentemente las circunstancias no serán las mismas, en la Quebrantahuesos había avituallamientos muy bien organizados en los que prácticamente solo paré las veces que necesitaba rellenar los bidones, ya que llevaba encima toda la comida que podía necesitar. En la CAT700, además de alguna barrita o gel para emergencias, toda la comida y bebida te la tienes que procurar por tu cuenta, y eso cuesta tiempo. El plan será ese, siendo consciente de que los planes, en este tipo de aventuras, pueden verse desbaratados en cualquier momento. Habrá que ser flexible y tener paciencia, y lo que no se pueda hacer un día, deberá hacerse el siguiente. La idea de “quitarse de encima el gran desnivel de los Pirineos en las dos primeras etapas” es psicológicamente atractiva, pero ante todo habrá que ver si las circunstancias (especialmente el cansancio, la disponibilidad de comida y bebida) lo permiten. Una de las cosas pendientes aún es ver qué tipo de superficie tienen los diferentes tramos de recorrido, ya que hay no pocos tramos de carreteras secundarias, y esto puede hacer que la balanza se decanté en una u otra dirección, seguir o parar.

Equipo
Siendo mi primera participación, y con todo lo que ha supuesto el cambio de fechas, las incertidumbres abundan. El hecho es que será una CAT700 diferente y única también para los que ya son veteranos. En algunos aspectos me irá mejor (prefiero el frío al calor), y otros serán más incómodos para mí (no estoy demasiado habituado a pedalear de noche). Me he provisto de un buen foco montado en el manillar (capaz de proporcionar 450 lúmenes durante 3 horas) y un frontal que irá montado en el casco (180 lúmenes con una autonomía aproximada de algo más de 2 horas). Saliendo a las 7 de la mañana tendré una hora aproximadamente de oscuridad hasta que amanezca, con la ventaja de que progresivamente se irá haciendo de día. Por la noche será lo contrario, a partir de las 19:30h irá oscureciendo. Me gustaría no pedalear mucho más allá de las 20h, pero si debo de hacerlo no tendría que tener problemas con la autonomía de las luces si salgo cada día con las baterías cargadas, además de que llevo dos baterías portátiles para poder cargar los dispositivos en ruta.

En cuanto a la ropa, iré afinando el “ropero” a medida que se acerquen los días señalados, dependiendo del pronóstico, pero seguro incluiré perneras, que combinan muy bien con un culote corto de invierno, manguitos, chaleco, térmica de manga larga, un jersey de manga larga, una chaqueta cortavientos y una chaqueta impermeable fina con membrana que se puede llevar como tercera capa en caso de necesidad. La organización también acaba de comunicar que se añade a la lista de material obligatorio una camiseta térmica de manga larga, así que habrá que jugar con las capas durante todo el día.

La bicicleta será mi querida Nordest Albarda M2, con ruedas Hunt 700c específicas para gravel con ancho interno de 25mm, neumáticos Hutchinson Toro CX de 47mm (equivalente a un 1,85 en neumático de montaña) y grupo SRAM Rival con plato ovalado de 34 dientes y cassette Sunrace de 11-46. Tanto la geometría de la bicicleta como la transmisión están muy orientadas al espectro más montañero del gravel, casi rozando el monster cross (en 650b se le puede poner cubiertas de MTB de 2.1). Con esta bicicleta ya he hecho otra ruta de bikepacking (prácticamente la estrené con el Pueblo Gravel Tour) y desde el primer momento me sentí encantado con el manejo, su estabilidad y su capacidad para desenvolverse más que dignamente en los terrenos más complicados.

El «cockpit» de la Albarda, en su versión definitiva.

Siendo una aventura en autosuficiencia las bolsas son muy importantes. Repetiré la combinación que ya utilicé en el Pueblo Gravel Tour: bolsa de manillar y de sillín de Rapha/Apidura (el modelo que Rapha vendía antes de pasar a fabricar sus propias bolsas), bolsa  de cuadro Rockbros (una bolsa muy básica y barata pero con una funcionalidad casi intachable), bolsa de tubo superior Topeak Toploader y bolsa de acceso rápido entre la potencia y el manillar para llevar objetos variados (cámara de fotos, geles, barritas). En un tercer portabidón bajo el tubo diagonal llevo un contenedor con todas los accesorios necesarios para las averías (parches, mechas, kit de vulcanizado, desmontadores, eslabón rápido, tronchacadenas, herramientas).

En mi primera Transpyr aprendí muchas cosas… como superar un pajarón con paciencia y buen humor!

Mi primera CAT700
Las primeras ediciones son siempre especiales. Podría decir que me siento igual que antes de mi primera Transpyr en 2015, los nervios ante lo desconocido son parecidos. Pero al mismo tiempo tengo mucha más experiencia en pruebas por etapas y tengo mucha confianza en el material que llevo. Creo que la clave es tener respeto al reto y no dejar ningún aspecto al azar, especialmente en lo tocante al material. Todo debe estar bien revisado y probado en su funcionamiento. También he hecho una revisión bastante exhaustiva del recorrido, con tracks específicos para la estrategia “salir de los Pirineos en dos días” o para una más conservadora que reparta kilometraje y desnivel entre el resto de etapas.

Con todo, hasta los mejores planes pueden fracasar cuando se topan con la realidad. Y para esto solo cabe estar preparado psicológicamente para los imprevistos, tener mucha paciencia y saber ser objetivo en cada momento para tratar de tomar la mejor decisión. Una manera de quitarme presión es considerar que aunque el objetivo es completar el recorrido en el tiempo estipulado por la organización, si surge un imprevisto y hay que, por ejemplo, acortar utilizando un atajo o bien utilizando el track de la edición corta de este año, no me importará hacerlo. Tanta aventura es ser finisher según los parámetros de la organización como hacerlo fuera de estos. Lo importante es participar en la aventura y hacerlo con seguridad por encima de todo.