Junio de 2021: a nueve días del inicio de la CAT700 en sus fechas habituales, todo parece normal. Pero entre la documentación que entrega la organización, ahí está otra vez la declaración responsable sobre la COVID-19. Es evidente de dónde venimos, pero después del excepcional 2020 y su CAT700 en octubre, ¡este 2021 vamos a volver a la “normalidad CAT700”!

Con los tracks definitivos ya en poder de los participantes, podemos hacer un breve análisis sobre el recorrido. El titular principal sería que “Mordor ya no está”, el tramo entre Organyà y Ponts, 80 km sin apenas poblaciones de entidad, desaparece. Esta vez se sigue saliendo de Organyà por la carretera que lleva a Montanisell, pero poco antes de llegar a Bóixols tomamos un desvío que nos llevará un poco más hacia el norte. Por la vall d’Abella, encajonada entre la Serra de Carreu al norte y la Serra de Carrànima al sur llegaremos al espectacular desfiladero donde se encuentra la población de l’Abella de la Conca. Desde ahí, pasando por Isona el recorrido se dirige hacia el sur para superar la Serra del Montsec por el sector conocido como Montsec de Rúbies, concretamente por un congosto llamado Pas Nou. Superado este obstáculo llegaremos a Vilanova de Meià y posteriormente a Artesa de Segre (que creo será nuestro “Ponts” este año). El track no volverá al recorrido del año pasado hasta Agramunt.

El único cambio significativo en el recorrido de la CAT700 original.

Otros pequeños cambios respecto al recorrido vendrán dados por la excepción que se hizo el año pasado a causa de la meteorología y la pandemia: no llegamos a hacer la primera ascensión del primer día al Coll de Varradòs, y tampoco se pasó por el refugio de Sant Joan de l’Erm, cerrado por la pandemia el año pasado. Si no hay novedades de última hora, la única diferencia con el recorrido del año pasado será el tramo Organyà – Agramunt descrito en el párrafo anterior.

Este año en MTB
Sí, ¡me paso al “lado oscuro”! Hay diversos factores implicados en este cambio. El primero, que el periodo entre finales de 2019 y todo el 2020 fue para mí una época de auténtica fiebre gravel, en la que ni siquiera tenía una bicicleta de montaña (aunque yo considero mi Nordest Albarda una bicicleta de montaña también, pero esa es otra discusión). Sabía que tarde o temprano querría volver a disfrutar del MTB clásico, el de manillar de palo de escoba, porque en mi zona me perdía lo más técnico, porque me perdía las salidas con el Cicles Sans… así que este mayo entró una Specialized Epic Hardtail en casa… Después de haber hecho la CAT700 2020 en gravel (en una configuración bastante montañera) y haber acabado con algunas molestias (principalmente dolores lumbares y cervicales, pero también en los días posteriores problemas en las manos, ¡no tenía fuerza para usar el cuchillo!), pensé que una MTB rígida de carbono, con unas ruedas de generoso balón no sería tampoco una mala opción para una CAT700 que conviene recordar, se presenta como una brevet MTB. Así que este año la montura será más ligera, más cómoda y mejor preparada para el terreno complicado.

La Specialized Epic HT poco antes de la prueba de material en plan «me voy pa’l pueblo».

Hace unas semanas pude hacer una primera prueba de material, en un viaje relámpago de bikepacking a Josa, Teruel (el típico viaje al pueblo que procuramos hacer cada año) en dos días, por la vía más rápida y rodadora, haciendo una primera etapa Martorell – Fraga de 174 km y 2000 m+ siguiendo el Camí de Sant Jaume y una segunda desde Fraga a Josa de 162 km y 1800 m+. El concepto este año es “ligereza”. La menor cantidad de ropa que voy a llevar este año (el año pasado por el temor al frío me pasé de prendas de abrigo) me va a permitir llevar una bolsa menos (la del interior del cuadro), y en general voy a aligerar el equipaje todo lo que pueda. Esto es algo que por ejemplo en mis tres Transpyr ha evolucionado así: cada año iba más ligero en la bicicleta. En la CAT700 hay un material obligatorio importante, así como el derivado de la propia filosofía de la autosuficiencia, pero con la experiencia del año pasado y sin comprometer la seguridad o las necesidades, este año voy a ir más ligero sí o sí.

En forma
Normalmente todas las pruebas importantes que hecho se han celebrado en junio, así que este año hemos vuelto a las rutinas, a empezar a ponerse en forma a principios de año, a la construcción de la forma en la primavera, para llegar a junio en buenas condiciones. Nada del tapering extraño del año pasado entre junio y agosto para no perder forma pero no quemarse antes de tiempo. Las sensaciones este año son buenas, el viaje a Josa fue perfecto en todos los sentidos, incluyendo el hecho de que lo hice dos días después de la primera dosis de la vacuna. En el aspecto físico, por tanto, todo parece en su sitio. El año pasado estuve resfriado la semana anterior y descansé demasiado y el primer día de la CAT700, la mañana más bien, me sentía totalmente fuera de forma. Personalmente funciono mejor con una mayor densidad de entrenos y este año si nada se tuerce en estos diez días hasta la salida en Les, creo que llegaré mucho mejor que el año pasado.

Estrategia
Mi estrategia es siempre la misma: acabar y hacerlo dignamente, ¡nada de correr! Participaré sin compañero “oficial” (voy a echar de menos a Javier, ¡seguro!), aunque sé que en este tipo de pruebas uno acaba encontrándose de manera intermitente con otros corredores con un ritmo parecido. Como el año pasado, la idea es llegar hasta Rialp el primer día, pero la segunda etapa, que el año pasado fue inusualmente corta, de solo 78 km entre Rialp y Organyà (ya que seguir obligaba a continuar 80 km si queríamos dormir en una cama en Ponts), presenta nuevas posibilidades. Por ejemplo, sería genial poder completar una segunda etapa desde Rialp a Artesa de Segre, de 173 km y 4700 m+. No solo por avanzar en tan solo dos etapas 327 km de un total de 675 km de la CAT700, sino porque en Artesa de Segre habrá más opciones para pernoctar que en Isona o Vilanova de Meià. Y como el cuento de la lechera en versión bikepacking, una tercera etapa ya nos podría dejar en Prades (el año pasado la tercera etapa terminó en l’Espluga de Francolí), una cuarta podría acabar en Ares (o incluso en Besseit) en vez de en Bot, etc, etc.

Como siempre en este tipo de aventuras, lo mejor es tener plan A y plan B (y poder improvisar un plan C, si hace falta) y la decisión final estará condicionada por la realidad de lo que vaya ocurriendo. En este aspecto, la decisión de dónde dormir en principio va a seguir la filosofía del año pasado: en una cama y bajo techo. Pero la meteorología también tendrá su influencia. Junio significa en principio más horas de sol y temperaturas más altas, pero el mes de junio en la montaña puede significar también frío o calor extremo, o ambas cosas en un corto periodo de tiempo. ¡Veremos!