Esta crónica empieza como lo hacía la del año pasado: anunciando que he acabado la CAT700 en su trazado original (finalmente han salido 695,55 km y 14.776 m+), dentro del tiempo disponible y sin ningún tipo de percance. La edición de este año ha sido para mi muy diferente, porque la he hecho solo la mayor parte del tiempo y porque he utilizado una bicicleta de montaña, en vez de la bicicleta gravel (aunque bastante montañera) del año pasado. Otro condicionante, que ha afectado por igual a todos los participantes, es que este año la prueba se ha disputado en sus épocas habituales, es decir, a mediados del mes de junio, y disfrutando prácticamente del máximo de horas de luz disponibles de todo el año.

Si el año pasado era mi primera edición y todo lo que sabía de la CAT700 venía del análisis del recorrido sobre el papel y de la actuación de algunos participantes a cuyos datos pude acceder a través de Strava, este año ya contaba con cierta experiencia y por tanto mis planes eran algo más ambiciosos. De entrada, como comenté en la previa de la edición de este año, me había planteado una segunda etapa más larga, parando a dormir en Vilanova de Meià o incluso en Artesa de Segre. Finalmente, no fue así y calqué las etapas del año pasado, lo que me daba cierta seguridad, pero también, debido al ritmo más rápido que he podido mantener en esta edición, me ha dejado con la sensación de que si hubiese sido más decidido en la elección de la estrategia (y el material) podría haber llegado incluso antes a l’Ampolla.

Día 0: l’Ampolla – Les

Montaje de las bicicletas y control de material el día anterior a la salida en Les, la Vall d’Aran (Lleida).

Como es habitual, el día 0 de la CAT700 se ocupa trasladándonos desde l’Ampolla a Les. Esto es optativo, dependiendo de las circunstancias de cada participante, algunos optan por ir por sus propios medios a Les. Ya en l’Ampolla se notaba que el número de participantes iba a ser significativamente superior este año. Si el año pasado se reunieron 51 participantes en total (31 en la CAT700 original y 20 en la CAT700s), este año fueron 88 (46 en la CAT700 original y 42 en la CAT700s). Este hecho le dio para mi un cariz diferente a la CAT700, ya que era más fácil encontrarse corredores por el camino y además pude observar más y variadas estrategias a lo largo de los días.

La meteorología del día 0 fue bastante movida, con fuertes lluvias prácticamente desde l’Ampolla hasta Ascó, pero después el día se fue abriendo un poco y llegamos a Les con tiempo despejado y temperaturas muy agradables. La previsión era buena para el primer día, así que, a diferencia del año anterior, no se iba a modificar el recorrido. Después de la revisión de material por parte de la organización nos quedó la tarde libre hasta la hora de la cena para acabar de preparar y colocar el material sobre la bicicleta.

La última cena antes del comienzo de la CAT700 (fotografía de Marcel Batlle).

Durante la cena coincidí con Joan Gol, un veterano de la CAT700 que este año venía a echar una mano a la organización. Hablando sobre estrategias de nutrición durante la prueba hizo un comentario sobre lo útil que es llevar bocadillos e ir comiendo poco a poco. Se me quedó grabado el gesto, marcando con dos o tres dedos lo que había que comer al coronar el coll de Varradòs, y al acabar de cenar, junto con otros compañeros de la mesa pedí un bocadillo para el día siguiente…

Día 1: Les – Rialp

Minutos antes de la salida. Por cierto, en esta fotografía salgo dos veces…

A las 7 de la mañana y con una temperatura14°, suficientemente agradable de para salir de corto, salimos de Les tal y como estaba previsto. Los primeros kilómetros siguen paralelos al río Garona por una pista con un par de tramos complicados por las piedras y la pendiente hasta Bossòst, donde empieza la primera ascensión del día. Esta ascensión iba a ser una novedad para mí, ya que el año pasado se eliminó este tramo por el mal tiempo. El primer tramo de subida se hace por una pequeña carretera local que serpentea por el interior de un bosque, prácticamente hasta el mirador d’Arres. Son 7,27 km con un gradiente medio del 8% que me tomé con calma, viendo como me adelantaban algunos grupos de ciclistas.

Llegando a Vilamòs, en la Vall d’Aran (Lleida), después de coronar el Guardador d’Arres, un pequeño descanso antes del ascenso final al Coll de Varradòs.

Después de coronar este primer tramo vienen unos 9 km bastante favorables hasta Bòrdes de Sant Joan, donde sigue la subida que nos llevará a coronar el Coll de Varradòs (2005 m). Esta subida, de unos 13 km, tiene dos tramos diferenciados, el primero, de 6 km sigue transitando por carretera local con algunos tramos de grava y fuertes repechos, hasta que en el Plan des Artiguetes, lugar donde hay un aparcamiento para los visitantes de la espectacular cascada del Saut deth Pish, giramos a la derecha y tomamos una pista cuyo estado va empeorando a medida que subimos. En total, este último tramo de subida es de poco más de 5 km, con un gradiente medio del 7,1 % y con algunos lugares complicados por la piedra suelta. Pero el esfuerzo vale la pena, porque coronamos Varradòs y podemos contemplar las hermosas vistas del valle del río Unhòla y la pista que nos llevará hasta Bagergue.

Recordando las palabras de Joan Gol la noche anterior, al coronar Varradòs paro en un lugar con buena vista y me como los tres primeros dedos de bocadillo que, francamente, me saben a gloria. Es un pequeño viaje en la memoria, que me devuelve a las excursiones del colegio. Es la textura inconfundible del bocadillo que ya lleva unas horas hecho y envuelto, que se ha humedecido un poco, y esto, lejos de ser un problema, lo hace más palatable. Hago la bajada hasta Bagergue con una gran sonrisa dibujada en el rostro.

En Bagergue empieza una nueva ascensión hasta el Pla de Beret. Recuerdo cómo se me atragantó el año pasado, así que comienzo también a un ritmo tranquilo, son poco más de 5 km por una pista estrecha y con porcentajes entre el 10 y 12%, de los cuales el último kilómetro y pico discurre de manera bastante tendida por la carretera de Baqueira al Pla de Beret. Una vez coronado me digo a mi mismo: “pues lo recordaba bastante peor”. Esto va a ser una afortunada constante durante esta CAT700, casi todos los tramos que repito me parecen menos largos y duros. Aunque habrá alguna excepción… esta misma tarde.

Desde el Pla de Beret hay una larguísima bajada, de más de 35 km, solo interrumpida por algún repecho corto, hasta Esterri d’Aneu. A los pocos kilómetros de iniciar el descenso paro en el refugio de Montgarri a seguir con el bocadillo y esta vez aprovecho para sentarme en las mesas de la terraza con algunos compañeros de la CAT700. La temperatura es de 20° y el día es soleado, magnífico. Sin perder mucho tiempo reanudo la marcha, me espera una bajada por pista no muy comprometida, pero en la que se atraviesan numerosos arroyos sobre piedras en medio de un bosque y hay que ir con cuidado porque a veces en las sombras no se ven demasiado bien los numerosos charcos y agujeros. Aun así, se puede bajar bastante rápido, aunque es frecuente (y estamos en fin de semana) encontrarse vehículos que suben hasta Montgarri (1621 m). Igual que el año pasado, me detengo un momento en Planell de Perosa, un claro con una excelente vista del valle y la imponente presencia de tres abetos monumentales. La pista acaba poco antes de llegar a Alós d’Isil y ahí circulamos por carretera, estrecha, pero en buen estado, y que se irá ensanchando cada vez más hasta Esterri d’Aneu.

El Planell de Perosa, en la Vall d’Aran (Lleida), lugar de parada obligada en el descenso desde el refugio de Montgarri a Esterri d’Aneu, con una vista espectacular del valle y del pico de Tuc de Geu y la compañía de tres abetos catalogados como monumentales.

Como voy bastante bien de tiempo respecto al año pasado, en vez de parar a comer algo más contundente en Esterri d’Aneu, decido subir hasta Espot. En la subida por carretera coincido con varios ciclistas más y con alguno de ellos nos sentamos a comer al llegar a Espot. Me como un plato bastante grande de macarrones, cosa que más tarde veo que no ha sido una buena decisión, ya que después de Espot viene la subida a la estación de esquí de Super Espot, por carretera, y después la ascensión al Coll de la Creu de l’Eixol (2233 m), con un par de kilómetros finales muy duros.

Será la única ascensión de esta CAT700 en la que lo voy a pasar peor que el año pasado, y todo por subir con el estomago muy lleno. De hecho, esta será la primera y última vez que me siento a comer en la mesa de un bar o restaurante (a excepción del tercer día en Isona, a causa de la lluvia).

A pocos metros de coronar el Coll de la Creu de l’Eixol, en el Pallars Sobirà (LLeida).

La subida al Coll de la Creu de l’Eixol se me hace larga, y en el último tramo duro antes de coronar me bajo de la bici un par de veces. El año pasado, con la bicicleta gravel de acero, más pesada, hice toda la subida montado, pero había comido ya en Esterri d’Aneu, y por tanto al llegar a lo más duro la digestión iba más avanzada. Es lo que pasa cuando la sangre está dedicada a otros menesteres que no sean mover las piernas. Después de coronar paro de nuevo brevemente a llenar agua en una fuente y a comer algo para afrontar un tramo que sobre el papel no parece muy duro. Son 20 km en los que se baja (422 m) más que se sube (241 m), pero que el año pasado ya se mostró como largo y pesado. Por suerte este año no hace el frío del año pasado, la temperatura está alrededor de los 13°, aunque la pista está bastante rota y llena de piedras y hay un par de subidas que rompen el ritmo. El día está ahora nublado y solo paro una vez más en el Colletó de la Portella a fotografiar unos caballos pastando en un prado.

Caballos en el Colletó de la Portella (2262 m), en el Pallars Sobirà (LLeida).

Finalmente llego a la estación de esquí abandonada de Llessui, donde sí empieza una bajada rápida y divertida por pista hasta la población de Llessiu. Y desde ahí se sigue bajando, pero ya por carretera, hasta Rialp, que sería el destino final de esta primera etapa. En este tramo hay que prestar atención porque después de Llessiu se recorren casi 10 km por una carretera muy ancha y en buen estado y se va bastante rápido y hay que tomar un pequeño desvío a la izquierda para llegar a Rialp. El año pasado me lo pasé e hice unos kilómetros de más, llegando casi a Sort para después tener que coger la carretera para llegar hasta Rialp.

En Rialp me encuentro con Jesús, uno de los compañeros con los que hice la subida hasta Espot, que está comiendo algo y se dispone a continuar hasta el refugio de Sant Joan de Lerm. Mi estado físico no es malo, pero solo de pensar lo que hay que subir hasta Sant Joan de Lerm… digamos que me quedo admirado por la valentía de Jesús, un veterano en estas lides.

Ceno con más compañeros que han decidido quedarse a dormir en Rialp y que pernoctan en el mismo hotel. Aunque nos reunimos para la cena, cada uno tiene sus planes para mañana. Unos saldrán aún de noche, otros saldremos a primera hora de la mañana… ¡esto es la CAT700!

Tiempo transcurrido Tiempo en movimiento Distancia Velocidad media Velocidad máx Altitud ganada
11:48:10
horas
10:14:50
horas
154,15
km
15,04
km/h
57,60
km/h
3.862,00
metros

Día 2: Rialp – Organyà

Coronando en Port Ainé, en el Pallars Sobirà (Lleida) a casi 2000 m, después de 16 km y 1288 m+ desde Rialp.

La ruta empieza algo más tarde de lo que me hubiese gustado, hoy la intendencia de la bicicleta es un poco complicada, por los viajes que tengo que hacer desde la habitación hasta donde hemos dejado la bicicleta por la noche. Veo la oportunidad de darle un manguerazo y limpiar sobre todo la transmisión, muy sucia por la bajada hasta Esterri d’Aneu, el desayuno que tarda… Me pido un bocadillo de tortilla del que me como la mitad y envuelvo el resto para comérmelo en ruta. Y por fin, a las ocho de la mañana, vuelvo al track. La salida de Rialp forma parte de ese 1% no ciclable que anuncia la descripción de la CAT700. El año pasado ya lo comenté, empieza bien, con un divertido puente colgante que se puede ciclar sin problema, pero luego vienen unas escaleras, tramos de sendero de bajada y subida trufados de piedras afiladas y resbaladizas, una mini tartera, total, casi un cuarto de hora para recorrer 1 km. ¡La típica prueba mental que te pone la CAT700 para empezar el día!

Libre por fin ya del atolladero, toda dificultad del terreno desaparece excepto el desnivel, porque lo que toca ahora es subir, subir y subir. Primero unos 4 km por carretera y después por pista hasta volver a enlazar con la carretera que sube a la estación de esquí de Port Ainé, en total 16 km y 1288 m+ hasta coronar casi a 2000 m. La lluvia va haciendo aparición, de manera intermitente, sin mucha intensidad, pero va calando. Como me sucedió ayer, durante la subida me adelantan un grupo de ciclistas a los que finalmente alcanzo antes de llegar a Port Ainé. Mi objetivo es llegar al refugio de Sant Joan de Lerm, acabarme el bocadillo del desayuno y pedirme otro bocadillo para el camino. Comparando los tiempos con el año pasado, hago la subida unos 25 minutos más rápido, las buenas sensaciones físicas se mantienen, pero aún no tengo claro qué voy a hacer hoy, si voy a calcar la ruta del año pasado y acabar la etapa en Organyà o bien voy a continuar.

El año pasado el track se acortó al no pasar por Sant Joan de Lerm, cerrado por la pandemia, pero este año sí que hay que pasar por ahí. Visto sobre el mapa es un desvío un poco absurdo, cogiendo un desvío para bajar poco más de 2 km descendiendo 200 m hasta el refugio y luego volviendo a subir por otro camino hasta casi empalmar con el desvío, subiendo 200 m en 4 km. Aunque hay otro refugio cercano, el de las Comes de Rubió, un poco más adelante, Sant Joan de Lerm tiene más servicios y en medio de los Pirineos, no sobran las oportunidades de parar, descansar y avituallarse. Me acabo el bocadillo del desayuno, pido otro en el bar del refugio y continuo la marcha, queda subir 4 km hasta volver a la pista que hemos dejado para bajar a Sant Joan de Lerm.

Mi Epic posando en la Roca Senyada, el Pallars Subirà (Lleida), con La Seu d’Urgell y la Serra del Cadí al fondo.

El siguiente tramo es muy favorable, una bajada de casi 15 km que empieza un poco antes del refugio de las Comes de Rubió y que llegará hasta Junyent. La pista está un poco bacheada y con charcos hasta cruzar la carretera del Port del Cantó (1721 m), pero después mejora bastante y se puede ir rápido. El tiempo ha ido empeorando, y a mitad del descenso, después de atravesar el pequeño pueblo de Biscarbó se pone a llover con fuerza de nuevo. Paro en Junyent a llenar los bidones en la fuente y empiezo la que será la última ascensión larga del día, 6,6 km con un gradiente medio del 7% por una pista ancha y en buen estado. Durante toda la subida sigue lloviendo, pero por suerte, al coronar, casi en el Cim de les Piques (1969 m) la lluvia para. Después de unos dos kilómetros de falso llano empieza una rápida bajada hacia la Guàrdia d’Ares.

Es en La Guàrdia d’Ares donde decido parar a comer otro poco y para mi sorpresa me encuentro con un grupo de ciclistas, Dani, Héctor y Álex. Con Dani compartí habitación en Les el día antes de salir y la cena ayer en Rialp. Con Héctor y Álex coincidí el primer día y si no recuerdo mal uno de ellos me comentó que había leído mi crónica del año pasado y le había motivado mucho para apuntarse este año, algo que como es comprensible me hizo muchísima ilusión. Este grupo salieron un par de horas antes que yo, por lo que me sorprende haberlos alcanzado, aunque luego me aclaran que han estado parados un buen rato. Aún así, me alegra ver que mi ritmo, al menos en movimiento, es bueno. Ellos están acabándose el bocadillo y poco después continúan la marcha. Resguardado bajo un porche sigo comiendo y cuando continuo la marcha, esta vez por bajando por carretera durante unos pocos kilómetros, me pongo a temblar casi de manera descontrolada, tanto es así que he de ir frenando y agarrar fuerte el manillar porque si no la bici se me va de un lado a otro. Estamos a 11°, pero llevo un buen rato mojándome y al parar a comer me he acabado de enfriar. Por suerte en breve empezará otra subida, en realidad dos, para superar la Serra de Prada e iniciar la bajada hacia la Vall de Cabó.

¡Las subidas son tan bienvenidas cuando hace frío! En este tramo se atraviesan dos tarteras, visibles desde el camino, que son un atractivo turístico de la zona. Dice la leyenda que estas avenidas de piedras son fruto del trabajo esforzado de los minairons, unos seres mitológicos que habitan el Pirineo, una especie de elfos diminutos y traviesos. No sé si bajo su influjo, pero poco antes de coronar la Serra de Prada descarga una fuerte y por suerte corta tormenta. Llego a la espectacular vista de la Vall de Cabó y vuelvo a coger al grupo de ciclistas, ¡no vamos mal!

La bajada a la Vall de Cabó la sufrí bastante el año pasado con la bicicleta de gravel, son casi 8 km de bajada en los que se descienden casi 800 m por una pista empinada que va haciendo zigzag y con mucha piedra suelta. Pero este año es muy diferente, son evidentes las ventajas de una bicicleta de montaña con suspensión delantera, manillar y neumáticos anchos (2.3), especialmente en las bajadas. Si el año pasado hice la bajada en 25 minutos, este año serán solo 17 minutos. Algunos de los compañeros que bajan conmigo van en bicicleta de gravel y hacen el mismo gesto que hice yo el año pasado al llegar abajo: ¡dolerse de brazos y manos! Una vez en la población de Cabó se sigue por carretera, bajando hasta Organyà. ¡Y ahora he de tomar una decisión!

Los compañeros tienen intención de continuar, al menos hasta Vilanova de Meià. Pero yo no lo veo claro, a partir de Bóixols empieza precisamente el nuevo tramo de este año, y por lo tanto no sé qué puedo encontrarme. Tampoco llevo encima un material que considero imprescindible para ir “a salto de mata”, una esterilla o colchón hinchable o similar para poder hacer vivac si consigues un techo donde guarecerte. Es muy pronto, son prácticamente las cuatro de la tarde. Entre que he salido una hora antes que el año pasado y que estoy yendo bastante más rápido, acabar la ruta aquí me parece un desperdicio de tiempo, pero no me atrevo a aventurarme más allá. En el cruce a la carretera que sube hasta Montanisell me despido de los compañeros, con bastantes sentimientos encontrados.

No haber tomado una decisión clara durante el día hace que llegue a Organyà sin nada reservado para dormir, me dirijo al sitio donde dormimos el año pasado, pero no hay sitio. De hecho, no hay ningún sitio para dormir en todo Organyà. Por unos instantes, se me cae el mundo un poco encima y me arrepiento de no haber sido valiente y no haber seguido con el otro grupo. Gracias a las gestiones de la dueña de la pensión donde pretendía dormir consigo una habitación en el Coll de Nargó, un pueblo a 5 km de Organyà por la carretera de Lleida. Al menos tengo dónde dormir, pero me he quedado con el mosqueo encima de no haber tomado las decisiones correctas.

La Serra de Turp desde la ventana del hotel en Coll de Nargó, en l’Alt Urgell (Lleida).

Con tiempo de sobra, al menos voy a organizarme bien. Me acabo el bocadillo, lavo bien la bici, que vuelve a estar muy sucia por la lluvia y el barro de hoy, voy a comprar algo de comida, una pila nueva para el potenciómetro, todo lo necesario para al menos preparar bien la etapa de mañana. Poco a poco y a lo largo de la tarde van llegando ciclistas al Coll de Nargó, ¡no soy el único!

Envío un mensaje al grupo de WhatsApp de la CAT700 indicando donde estoy y si alguien se apunta a la cena, y finalmente ceno con dos compañeros, los dos se llaman Juan Carlos. Con ellos me iré encontrando a lo largo de los siguientes días. Un poco más tarde y unas mesas más allá llega un grupo numeroso de ciclistas: Xavier, Eduard, Joan, Jaume, Denís, Albert y Marc (Els Set de la Terra Alta!). Un grupo muy divertido y que montan una buena escandalera por allí donde pasan.

Mañana tocará una etapa larga, ahora ya sí tengo claro que voy a calcar las etapas del año pasado y por tanto pretendo llegar a dormir a l’Espluga de Francolí. Quedo con uno de los Juan Carlos (el de Bilbao) para salir a las 6 de la mañana del Coll de Nargó, mientras que el otro Juan Carlos (el de Cambrils), saldrá a las 3 de la mañana. Por delante, la etapa más larga de la CAT700, con más de 170 km, para llegar hasta l’Espluga de Francolí, y con muchas ganas de descubrir las novedades del recorrido de Bóixols hasta Agramunt.

Tiempo transcurrido Tiempo en movimiento Distancia Velocidad media Velocidad máx Altitud ganada
07:58:12
horas
06:54:39
horas
86,37
km
12,50
km/h
49,32
km/h
2.540,00
metros

Día 3: Coll de Nargó – l’Espluga de Francolí

Pasando por Cal Fenollet en la subida a Montanisell, en l’Alt Urgell (Lleida), a punto de coger a un par de compañeros de la CAT700.

La previsión meteorológica para hoy era de lluvias durante la madrugada y toda la mañana, y con probabilidad de tormentas fuertes, pero cuando salimos a las 6 h no llueve, así que nos ponemos en marcha en una situación mejor de la esperada. Hemos de recorrer 5 km hasta Organyà para recuperar el track y aprovechamos para parar ahí a comer algo porque en Coll de Nargó no había nada abierto a esas horas. Desde Organyà nos esperan 11 km por carretera hasta Montanisell, con un gradiente asequible del 5%. De momento el tiempo aguanta mientras vamos subiendo. Veo un par de grupos, entre ellos Els Set de la Terra Alta, que además de verlos, ¡se les oye! Voy dejando atrás a Juan Carlos y me voy acercando a los dos grupos hasta que los adelanto. Después de Montanisell se continúa por pista y se sigue subiendo 3 km más, seguido por 11 km de sube y baja hasta dejar atrás Bóixols en la distancia (este año el track no atraviesa el pueblo) y empezar el descenso hasta Abella de la Conca.

Desde la Collada de la Serra del Pi podemos ver el fondo del valle donde se encuentra Abella de la Conca, en el Pallars Jussà (Lleida).

A lo lejos se ve la característica formación rocosa de la que cuelga este pintoresco pueblo. Está nublado y por momentos parece que está oscureciendo. La bajada es rapidísima y antes de llegar a Abella de la Conca se pone a llover con más intensidad. Paro justo en el desfiladero para fotografiar este pueblo y me encuentro con un par de ciclistas más, que han parado a ponerse el chubasquero.

Abella de la Conca, en el Pallars Jussà (Lleida).

Continuo hasta Isona con lluvia constante, aunque no muy fuerte. Exceptuando un par de repechos, el camino hasta Isona es bastante favorable, circulando por pistas entre cultivos. Atravesando Isona veo un bar y un par de bicicletas aparcadas y pienso que sería buena idea parar y comer algo y de paso despistar la lluvia un rato. Aunque aún tengo el bocadillo que pedí ayer en la cena intacto, me pido uno caliente sentado dentro del bar. Cuando estoy acabando llega Juan Carlos con Els Set de la Terra Alta al bar. Hora de irse, y no he despistado a la lluvia, de hecho, llueve más fuerte.

Hasta coronar el Montsec de Rúbies me quedan unos 18 km con tendencia a subir y ahora la lluvia empieza a ser molesta. Se circula por pista y aunque no hay mucho barro a la bicicleta le cuesta rodar. Paciencia. Por suerte la temperatura no es muy baja, llegamos a un mínimo de 12°, pero a medida que voy subiendo el Montsec de Rúbies parece que el día se abre, la lluvia para y la temperatura va subiendo. Pasado Merea me encuentro con Ferran, que además de ser un asiduo de la CAT700 es el responsable de Torrons i Mels Alemany. Este año, además de seguir suministrando el lote de obsequio que reciben todos los corredores al llegar a l’Ampolla, nos ha regalado a todos los participantes una abundante muestra de sus nuevas barritas energéticas con miel 100% naturales para deportistas. Soy muy fan de sus productos, incluso antes de conocer su relación con la CAT700. Tras cruzar unas palabras continúo mi camino para superar esta parte de la Serrra del Montsec. Aquí se encuentra una de las novedades de este año, un espectacular desfiladero que resigue el río Boix hasta Vilanova de Meià. Encajado entre las formaciones rocosas de la Roca dels Arcs a la derecha y diversos cingles (cinglo de Desferrador, cinglo de Cuba) circula una estrecha carretera reasfaltada no hace mucho. Se trata del antiguo camino de l’Escala del Pas Nou, que unía la Coma de Meià y el Pallars.

Una mirada atrás antes de abandonar definitivamente los paisajes de la Conca de Tremp, con el Roc de Benavent y la Serra de Comiols a la derecha, en el Pallars Jussà (Lleida).

Tras una breve parada en Vilanova de Meià para llenar los bidones, sigo con ganas de llegar a Artesa de Segre (el Ponts de este año) y entrar en el terreno claramente rodador de la depresión central catalana. En la mente de un ciclista, esto es importante, porque significa, simple y llanamente, avanzar más rápido con menos esfuerzo. Como suele suceder, cuánto más ganas de llegar a un sitio tienes, más lento parece que avanzas. Desembarazarse del Prepirineo no va a ser tan fácil, y los 17 km desde Vilanova de Meià hasta Artesa de Segre guardan todavía alguna pequeña emboscada, aunque los últimos 9 km son claramente favorables, incluyendo una bajada por pista bastante rota en la que me lo paso muy bien bajando con bicicleta de montaña.

La Roca Alta, Montsec de Rúbies, Vilanova de Meià, en la Noguera (Lleida).

En Artesa de Segre paro para comer un poco del bocadillo que llevo guardado y me tomo también un refresco sentado en un banco. La temperatura ya es la más alta de toda la CAT700 hasta ahora, rondando los 30°, pero no hace un calor agobiante. Después de dejar atrás Artesa de Segre el recorrido se entretiene en hacernos atravesar otro pueblo pintoresco, Montsonís, fortificado y atravesado por una calle empedrada que sube hasta el Castillo de Montsonís. Fue un lugar importante en la frontera entre reinos cristianos y musulmanes, ya que desde lo más alto se divisa el canal d’Urgell, Montmagastre, el Montsec de Rúbies y el río Segre.

Montsonís, vuelta turística 😉 por la Noguera (Lleida).

El siguiente “objetivo” es Tàrrega. No estoy mirando el reloj ni las distancias para nada, pero los aproximadamente 40 km que me quedan hasta Tàrrega me parecen suficientes para pensar en hacer otra parada técnica y comer algo allí. Además, el track pasa por la plaça del Carme de Tàrrega, lugar donde en otros viajes solemos parar a comer algo, ya que hay varios bares y restaurantes. En dos horas y cuarto llego a Tàrrega, donde compro un refresco y otro bocadillo que me como en un banco de la plaza. Veo a otros ciclistas de la CAT700 acabar sus pizzas en una pizzeria cercana. Tienen buena pinta, pero este año mi estrategia es otra (que conste que pregunto si venden porciones de pizza, pero no).

La pequeña ermita del Sagrat Cor, entre Claravalls y Santa Maria de Montmagastrell, en el llano de la Serra d’Espígol, en l’Urgell (Lleida).

El recorrido, desde Tàrrega en adelante, va picando poco a poco hacia arriba. Se pasa por una sucesión de pueblos, Verdú, Ciutadilla, Nalec, Rocafort de Vallbona, hasta llegar a Vallbona de les Monges y este año me parece recorrerlos muy rápido. Poco antes de pasar por Nalec me encuentro al otro Juan Carlos, que ha salido esta mañana antes que nosotros, y que hoy seguirá hasta Prades. Yo sigo con mi estrategia de descansar bien y poder pedalear más rápido durante el día, aunque me adelanten por la noche.

Monestir de Vallbona de les Monges, en l’Urgell (Lleida).

Desde Vallbona de les Monges hay que superar la Serra del Tallat antes de iniciar la bajada hacia l’Espluga de Francolí, son 8,5 km y lo más duro son las rampas para salir de Vallbona de les Monges. El año pasado hicimos este tramo anocheciendo y coronamos la Serra del Tallat ya de noche. Esta vez sí que voy a poder disfrutar de la panorámica de la Conca de Barberà y las montañas de Prades al fondo. 

Este año sí! Panorámica de la comarca de la Conca de Barberà (Tarragona) y las montañas de Prades.

Llego a l’Espluga de Francolí a las 18:30h, francamente pronto, y la idea de continuar hasta Prades cruza mi mente, pero ya me he hecho a la idea de seguir las mismas etapas del año pasado, y además ya tengo claro dónde dormir y dónde cenar en l’Espluga, así que ¡tranquilidad de espíritu sobre todas las cosas! Llegar pronto tiene la ventaja de poder hacer los quehaceres diarios con algo más de relajación. Darle un manguerazo a la bicicleta (buen detalle del Hostal del Senglar que el año pasado no aprovechamos), limpiar y engrasar bien la transmisión, lavar la ropa, etc.

A las 20:30h ya estoy sentado en la terraza de la cafetería B de Gust, lugar que descubrimos por casualidad el año pasado porque no había otro sitio abierto para poder cenar. Es un bar «normal» pero cuyos dueños son de origen chino y tienen una pequeña carta con platos orientales. Me zampo un gran plato de tallarines tres delicias y uno de ternera al curry con abundante arroz blanco. Vuelvo al hostal y antes de subir a la habitación me compro un helado para comérmelo tranquilamente recostado en la cama. No está mal relajarse un poco, hoy ha sido la etapa más larga y quedan ya solo dos etapas.

Tiempo transcurrido Tiempo en movimiento Distancia Velocidad media Velocidad máx Altitud ganada
12:39:13
horas
10:52:50
horas
174,22
km
16,01
km/h
57,24
km/h
3.459,00
metros

Día 4: l’Espluga de Francolí – Bot

El Monestir de Poblet, en la Conca de Barberà (Tarragona).

Un poco pasadas las siete de la mañana y después de tomarme un café con leche y una pasta, empieza la etapa de hoy. El recorrido es casi idéntico al del año pasado, tan solo habrá una pequeña variación a la salida de Prades. El recorrido de hoy me gusta mucho, atravesar el Priorat me encanta, aunque es bastante rompepiernas, ya que no hay apenas tramos llanos, todo es subida o bajada. Tras llegar por carretera al Monestir de Poblet se entra en el Paratge Natural de Poblet por un camino asfaltado que sigue el Torrent de Castellfollit.

Subiendo de buena mañana por el Torrent de Castellfollit, en la Conca de Barberà (Tarragona). Fotografía de CAT700.

Son 4 km hasta llegar a la casa forestal de Castellfollit, donde acaba el asfalto y empieza una ascensión por pista por el interior del bosque, realmente bonita, en la que los rayos de sol se cuelan entre los árboles y te regalan una luz maravillosa. Son unos 4 km más, subiendo con un gradiente medio del 6%, hasta coronar en un magnífico mirador junto al pequeño refugio de l’Era dels Noguers. Cuando llego ahí me encuentro a Alba y Marcel, ¡participantes de la CAT700s que van en tándem! Lo del tándem MTB me parece realmente de otro planeta, mi más rendida admiración a esta pareja. La CAT700s comparte bastante recorrido con la CAT700 original, y tiene mucho mérito ir montado en ese “monstruo”.

Alba y Marcel: respect!

La pareja se va y me quedo comiendo un trozo de bocadillo y disfrutando de las vistas de la comarca de les Garrigues. Tomo también algunas fotografías y también me dejo olvidada en el mirador mi arma secreta, la funda de lluvia para casco, bocadillo incluido, auténtico amuleto en mis rutas de bikepacking, y que hace las veces de bolsa donde guardo los bocadillos y lo que se tercie. 

El mirador junto a l’Era de Noguers, desde donde se pueden contemplar vistas de la comarca de les Garrigues.

Al llegar a Prades me doy cuenta del olvido y tras comprar un par de plátanos en un colmado me pido otro bocadillo en la plaça Major. Como el año pasado, Eliseu Climent está por allí haciendo fotos y le comento que he perdido mi funda de la suerte (y que recuperaré al día siguiente en l’Ampolla). La nueva variante de este año para salir de Prades evita una rampa de cemento muy dura, siguiendo por la carretera un poco más hasta empezar el descenso hasta Cornudella de Montsant. Es un descenso de 8 km muy divertido con un tramo inicial de pista con muchos giros cerrados, pero en bastante buen estado y solo hacia el final la pista se estrecha y se rompe, para finalmente enlazar con la carretera a Cornudella. Paro en el pueblo a rellenar bidones y sigo el camino. La idea es parar a comer algo en El Molar y no esperar a las horas de más calor, ya que después de pasar Mora d’Ebre hay algunas cuestas importantes.

Primer atisbo de la Serra del Montsant en la bajada a Cornudella de Montsant, en el Priorat (Tarragona).

Disfruto mucho del tramo de Cornudella hasta Gratallops, se rueda entre viñas con la presencia siempre imponente de la Serra de Montsant a nuestra derecha, el terreno es bastante favorable, pista y más bajada que subida, con algún repecho y un tramo corto de carretera desde Poboleda hasta el cruce con Escaladei. El otro 1% de terreno no ciclable de la CAT700 (junto a la salida de Rialp) lo encontramos en el acceso a la ermita de la Mare de Deu de la Consolació, apenas 200 m de sendero pedregoso de subida que nos deja en un promontorio con unas magníficas vistas del Priorat y la Serra de Llaberia al fondo. Desde Gratallops, donde paro a llenar los bidones, hay un tramo bastante largo por carretera, de unos 13 km, creo que el más largo de la CAT700. En este tramo se baja el doble del desnivel que se sube, y el año pasado se me hizo pesado porque parecía que saliendo de El Lloar no se coronaba nunca, pero este año ya me lo sé y como por arte de magia, ¡lo encuentro corto!

Serra del Montsat, en el Priorat (Tarragona).

En El Molar el único bar del pueblo está cerrado, es lunes, así que me siento en la sombra de su desierta terraza y como algo más del bocadillo. Saliendo de El Molar enseguida abandonamos la carretera para circular por pista y algún tramo de riera en dirección a Garcia, todo bajada excepto algunos repechos bastante duros llegando al pueblo. En Garcia, ninguna de las fuentes del pueblo por las que paso “raja”… Me acuerdo de los problemas del cercano río Siurana, un río ya seco por prestar su caudal al pantano del mismo nombre. A pocos centenares de ahí, el caudaloso, pero no exento de amenazas río Ebre, ¡y las fuentes sin agua! Seguro que hay alguna explicación, la COVID o lo que sea. Aunque voy justo de agua tengo Mora d’Ebre a un tiro de piedra. Cruzo l’Ebre por el puente ferroviario, que es una tontería, pero me encanta hacerlo. Este año no hace el viento del año pasado y me detengo incluso a hacer un par de fotos.

Cruzando l’Ebre por primera vez en esta CAT700 por el puente ferroviario de Garcia, en la Ribera d’Ebre (Tarragona).

En Mora d’Ebre abandono unos cientos de metros el track para ir a mi bar preferido, el de las lentejas del año pasado, este año solo a comprar agua fresca. Me encuentro a Joan, otro ciclista del Penedès que está haciendo la CAT700 y que está acabando de comer. Me comenta que igual se echa una siesta después, que le encanta hacerlo y que cuando le apetece y ve una buena sombra, allá que se tira, que duerme 20 minutos máximo y ¡a pedalear otra vez! Una de las mejores cosas de la CAT700 es la variedad de costumbres de sus participantes…

Me despido de Joan y pongo rumbo a Corbera d’Ebre. Son las dos de la tarde y estamos a más de 30°, pero este año todo me viene de cara y las nubes me van tapando el sol cuando empiezan las fuertes rampas que llevan a la Ermita de Sant Jeroni. En la ermita hay una fuente de agua muy fresca, muy recomendable, y aprovecho para refrescarme. Tras otra dura rampa se corona y se empieza a bajar hasta cruzar la N-420 y ahí empieza otro tramo de subida que culmina en otra empinada rampa para rodear la Roca del Pebre y empezar a bajar hasta Corbera d’Ebre. De nuevo, este tramo se me ha hecho muchísimo más corto que el año pasado, aunque solo tardo 15 minutos menos que el 2020, y llego tan pronto a Corbera d’Ebre que me pierdo el recibimiento que suele dispensar un vecino del pueblo (el supermercado que regenta a pie de carretera está aún cerrado).

Llegando a Corbera d’Ebre, en la Terra Alta (Tarragona).

Un poco más allá me encuentro a Juan Carlos (el de Cambrils) que ha parado a comer en un bar al otro lado de la carretera. Aunque ayer adelanté a Juan Carlos pasado Tárrega, él continuó hasta Prades esa noche, mientras yo me quedaba en l’Espluga de Francolí. Tras alcanzarle hoy en Corbera d’Ebre pasará otro tanto: yo me pararé en Bot y el continuará para hacer noche en medio dels Ports, en el refugio de Font Ferrera. Y al día siguiente ya no le podré alcanzar, ¡aunque solo por media hora!

El Molí de Bot, albergue amigo de los ciclistas, en la Terra Alta (Tarragona).

Tengo reservado sitio para dormir en Bot, y son tan solo las cinco de la tarde cuando llego. Me invade una sensación algo extraña, ya que lo normal en una CAT700 es continuar hasta más tarde, aprovechar el día y las muchas horas de sol que quedan, pero la decisión ya la tomé ayer y a eso me voy a ceñir. Antes de ir al Molí de Bot me paro en el bar Pedris, donde me acabo el bocadillo que me quedaba y me tomo una clara. No hay otro bar abierto en el pueblo, la brasería está cerrada, el Hotel Restaurante Can Josep también (donde tenía pensado cenar, aunque luego me enteraré que otros compañeros de la CAT700 consiguieron alojamiento y cena…), el camping me queda lejos para mi gusto… Por suerte tengo para mi solo el Molí de Bot, que como albergue tiene cocina muy bien equipada.

Panorama de la Serra de Pàndols y Bot al fondo, en la Terra Alta (Tarragona).

Me voy al único supermercado del pueblo y compro provisiones para la cena y para prepararme un bocadillo para mañana. Tengo todo el tiempo del mundo para descansar, para cenar bien, para lavar la bici bien en el “box” que hay en el mismo Molí, así que intento relajarme, sabiendo que mañana será la última etapa y que a pesar de que me sigue rondando en la cabeza que mi estrategia está siendo exageradamente conservadora, ahora no me queda otra que seguir el plan.

Con tiempo de sobra, miro en el móvil el movimiento de los ciclistas, veo que Juan Carlos (el de Bilbao) se pasa al recorrido corto en Mora d’Ebre, y que Els Set de la Terra Alta pasan y siguen hasta Arnes. Mi único plan mañana es llegar a buena hora a l’Ampolla para comerme un buen arroz y no desaprovechar el vale de la comida como hice el año pasado por llegar ya tarde y tener que volver rápidamente para casa.

Tiempo transcurrido Tiempo en movimiento Distancia Velocidad media Velocidad máx Altitud ganada
09:30:30
horas
08:26:55
horas
127,32
km
15,07
km/h
64,08
km/h
2.710,00
metros

Día 5: Bot – L’Ampolla

Adentrándonos en els Ports, camino de Beseit, en el Matarraña (Teruel), con la Penyagalera al fondo.

El bar Pedri abre a las 6:30h y ahí me planto poco después para pedir un café con leche y comerme los dos dónuts que me compre en el supermercado ayer. Aún faltan diez minutos para las siete de la mañana y ya estoy enfilando la vía verde. Al segundo túnel la luz falla. Como no he utilizado la luz frontal en toda la CAT700 no había comprobado el nivel de carga, ¡vaya fallo, la he debido traer casi descargada! Conecto la luz a la batería portátil y problema solucionado. La verdad es que no estoy “apretando” ni haciendo ningún esfuerzo especial por ir rápido, sigo con la estrategia de ir a mi ritmo, siempre sostenible y con mucho respeto por la subida als Ports. El plan es cargar agua a tope en Beseit y después de superar las primeras rampas dels Ports y antes de empezar una corta tregua de 2 km en forma de bajada, parar y comer algo del bocadillo.

Saliendo de Arnes, en la Terra Alta (Tarragona).

Saliendo de Arnes me encuentro a los Set de la Terra Alta, esto es ya un clásico y nos lo tomamos incluso con cachondeo. Justo al entrar a Beseit me encuentro a otro ciclista, Álex, que se parará a tomar un café en el pueblo. Más adelante, ya en plena subida als Ports, paso a otro ciclista, Abel. Me lo encuentro en un tramo duro, empujando la bici (cosa que he hecho unas cuantas veces esta CAT700, en según qué repechos no vale la pena acumular fatiga). Coronar els Ports por esta ruta tiene su miga, ya que una vez coronas, viene una bajada, otra subida corta, otra bajada y finalmente una subida corta pero dura antes de coronar definitivamente. Este año “me lo sé” y no hay sorpresas ni decepciones, ¡pero todo se sigue haciendo más corto que el año pasado!

Aún no se ha coronado del todo els Ports, pero aprovechamos la belleza del lugar para esta foto de la bikepacking queen por los suelos.

Después de coronar paro a comer nuevamente en una curva desde la que se contempla una gran vista. Aquí empiezo a sentir el gusanillo de la competitividad y a pensar en que no voy a parar de aquí a meta… ¡he necesitado cinco días para esto! La subida se me ha hecho corta, me encuentro muy bien, con las mejores sensaciones de la CAT700… Me queda una bajada larga pero este año con la MTB voy mucho más rápido y cómodo, y después, al llegar al embalse de Ulldecona, habiendo completado la mitad de la etapa, tengo la oportunidad de hacer un buen esprint hasta la meta en l’Ampolla.

Panorama dels Ports, detrás de estas montañas, el final del camino está ya muy cerca.

Antes de acabar la bajada, ya en el último tramo antes de llegar al embalse de Ulldecona me encuentro con Joan, del Penedès, que también me ha dormido en Arnes. Ahora sí que voy decidido a ir a tope hasta l’Ampolla y no parar, así que tras saludarnos y comentar brevemente la jugada lo dejo atrás. Recuerdo el año pasado la sensación de alivio al pisar el asfalto después de la bajada dels Ports, la ausencia de vibraciones, baches, la suavidad del rodar… Este año es diferente, estoy mucho más fresco y aprovecho el asfalto para tomar un gel y rodar rápido en dirección a la Sénia. Solo he de parar a llenar los bidones, aún me queda bocadillo y barritas y geles si es necesario.

Estas raíces… ¿Tolkien o Lovecraft? Un rincón muy particular en la bajada al embalse de Ulldecona desde els Ports.

Paro en la Sénia a rellenar bidones y continúo. Cruzando el pueblo veo en una terraza a un grupo de ciclistas, creo que son los otros del Penedès que participan, es el mismo sitio donde paramos el año pasado Javier y yo a comer. El terreno es bastante favorable, aunque hay una pequeña emboscada por venir, tras salir de la Sénia el recorrido es llano y discurre por carreteras locales asfaltadas entre olivos y almendros durante unos 7 kilómetros, pero después entramos en caminos con algunos tramos de bastante piedra suelta que dificultan el avance, son 9 km que se hacen algo más pesados, pero este año los neumáticos más anchos facilitan mucho el rodar por este terreno. Acabado este tramo empieza una pequeña subida por carretera, un pequeño puerto para superar la Serra de Godall, que particularmente me encanta, ya que la carretera hace un giro que permite contemplar en el horizonte todo el Parc Natural dels Ports. Paro a hacer las fotos de rigor y desenvuelvo lo que queda del bocadillo para colocarlo en la bolsa de manillar de acceso rápido, me lo voy a comer en marcha.

Els Ports desde la Serra de Godall, en el Montsià (Tarragona).

En la parada para hacer fotos veo un WhatsApp de Jordi, un participante del año pasado también del Penedès que este año no ha venido. Debe tener mono de la CAT700 y está haciendo el seguimiento a través de Track The Race. El mensaje dice “Cuando vas sobre la bici vas como un cohete”. ¡Lo que me faltaba por oír precisamente hoy! Dejando de lado por un momento la prudencia, le envío un audio con la boca medio llena del bocadillo que me estoy comiendo en marcha. Totalmente encendido, eufórico, ¡como una moto! Como una moto de mi nivel, pero como una moto, al fin y al cabo. Envío otro audio al grupo de WhatsApp diciendo no se qué de que me guarden algo de comida. No estoy mirando tampoco el reloj, solo sé que no voy a parar hasta l’Ampolla.

Saliendo de Ulldecona empieza un tramo bastante favorable, por estrechos caminos asfaltados con algún que otro agujero. Primero se circula paralelo a la autopista y después se coquetea con algunas subidas y bajadas por la falda que da al interior de la Serra del Montsià. Recuerdo que el año pasado fue un poco mosqueante porque este sube y baja sin acabar de coronar nada hizo que se nos hiciese largo. Finalmente, después de subir por un estrecho paso que divide la Serra del Montsià, aparece la panorámica del delta de l’Ebre en todo su esplendor. La meta está a la vista, pero aún quedan 27 km. Tras una rápida bajada se llega a la llanura del delta, ahora solo queda rodar y rodar hasta el final. Nos habían avisado de que había un socavón en el camino, pero la verdad es que no soy consciente ni de haberlo visto. Atravieso Amposta como un mensajero que llega tarde a una entrega. ¡Solo me hubiese parado si hubiese encontrado una buena horchata! Tras cruzar l’Ebre de nuevo se entra en el laberinto de caminos y canales del delta. Como el año pasado, me equivoco al tomar un camino en vez de rodar por el lateral de un canal (el año que viene no me pasará). Confieso que este último tramo sí se me hace un poco largo, las ganas de llegar son grandes. Pero el ciclismo tiene un gran remedio para los caracteres impacientes: biela arriba, biela abajo, hasta llegar. Y así llego al camping Ampolla Playa, después de 4 días, 8 horas, 59 minutos y 28 segundos, con una gran alegría por la gran etapa de hoy, en la que me he sentido físicamente muy bien, y muy contento por haber completado otra CAT700.

Finisheando la CAT700, ¡empieza el postureo!
Tiempo transcurrido Tiempo en movimiento Distancia Velocidad media Velocidad máx Altitud ganada
09:05:20
horas
08:45:10
horas
153,52
km
17,54
km/h
61,92
km/h
2.195,00
metros

Recorrido

Durante la ascensión al Coll de Varradòs vale la pena detenerse un momento a contemplar el macizo de la Maladeta, ¡impresionante!

El track de la CAT700 no cambia radicalmente de año en año, aunque este 2021 había una novedad importante, ya que el tramo desde Bóixols hasta Agramunt era totalmente nuevo. En esta sección analizaré solamente este nuevo tramo, y remito a los lectores a la sección Recorrido de la CAT700 de la Crónica de la CAT700 2020 para más información sobre el recorrido de la CAT700 original.

Pero antes de empezar con el cambio del recorrido más importante de la 2021, me detendré un momento en la subida al Coll de Varradòs, que el año pasado no subimos a causa del mal tiempo. Los detalles de kilometrajes y desniveles se describen en la crónica de la primera etapa, pero personalmente quiero destacar el fantástico comienzo que supone para la CAT700. Desde Bossòst se toma una carretera estrecha que circula por el interior de un hayedo, es un remanso de tranquilidad en el que se va subiendo sin muchas referencias. Y cuando se corona en el Guardador d’Arres vemos que ya estamos 700 m por encima del Baish Aran y que la cosa va en serio. Pero si miramos arriba, a nuestra derecha iremos viendo el macizo de la Maladeta a lo lejos, espectacular. Después de Vilamòs volvemos a subir con fuertes pendientes, hasta el Salt deth Pish, y ahí de nuevo a subir, esta vez por pista con bastante piedra. Al mismo tiempo que subimos el valle se va abriendo hasta que coronamos el Coll de Varradòs, con una vista maravillosa del valle del río Unhòla. Para mi ha sido uno de los mejores momentos de la CAT700, y un comienzo excepcional de esta aventura.

La única variación importante de este año en el recorrido de la CAT700.

El tramo eliminado este año, especialmente de Bóixols a Ponts, había sido calificado por anteriores participantes como “Mordor”, por la ausencia de signos de civilización. Pero el terreno también se las traía, con una pirámide en el perfil de elevación al poco de abandonar Bóixols y la carretera hacia Isona que fue un suplicio tanto subirla como bajarla el año pasado. Si comparamos los tramos, vemos que este año recorremos más kilómetros y superamos más desnivel que el año pasado para llegar de Bóixols a Agramunt, concretamente 10 km y 165 m+, pero al menos en mi caso lo hice prácticamente en el mismo tiempo en movimiento. Y es que en mi opinión, el nuevo tramo es más ciclable y más rápido que el famoso Mordor, aunque este año la lluvia lo endureciese bastante, ya que llovió desde Abella de la Conca hasta el inicio del desfiladero de l’Escala del Pas Nou. De todas maneras, bienvenidos los cambios de recorrido, personalmente estoy encantado de ir descubriendo nuevos paisajes cada año.

Este año no pasamos por Bóixols, pero lo podemos ver en la distancia antes de bajar hasta Abella de la Conca.

Tras pasar Montanisell y llegar a la carretera que viene del Coll de Nargó y que baja hasta Isona, en vez de continuar por carretera hasta Bóixols tomamos un desvío a la derecha para coger una pista que va subiendo hasta la Collada de la Serra del Pi. Ahí empieza el descenso hasta Abella de la Conca por un valle estrecho entre la Serra de Carreu al norte y la Serra de Carrànima al sur. La pista baja con fuerte pendiente entre un espeso bosque, hay que ir atento porque hay algún desvío y conviene no perder el track. Al llegar a la altura de Abella de la Conca vale la pena pararse a admirar la orografía del lugar, estamos rodeados de riscos y cordilleras y tenemos Abella de la Conca a tan solo 200 m de distancia, pero en medio hay un desfiladero que salvar, así que no hay visita al pueblo.

Después de esta parada se sigue por pista y algún tramo asfaltado hasta Isona. Aunque no hemos salido aún del Prepirineo y queda aún por llegar al terreno más llano de la depresión central catalana, el llano de la Conca de Tremp se abre ante nosotros. Estamos rodeados de varios macizos calcáreos, la Serra de Boumort al norte, la Serra del Montsec al sur, la Serra d’Aubenç y de Comiols al este, y en un primer plano la Conca Dellà, con un rico paisaje agrícola de secano en el que se cultiva cereal, girasol y hay grandes extensiones de almendros, olivares y viña.

Saliendo de Isona empieza un paulatino ascenso hacia la Serra del Montsec, vamos atravesando pueblos minúsculos como els Masos de Sant Martí, Covet, Gramenet, o Merea, lugares afectados por la despoblación y con la agricultura como única actividad económica. Como siempre, la CAT700 nos lleva a descubrir lugares únicos que siempre me hacen pensar en lo variado y extenso que es nuestro país cuando se recorre en bicicleta, lo poco que lo conocemos y lo difícil que es evitar la despoblación cuando el sector primario, imprescindible para toda la población, no se le presta la atención que se merece. Se nos revelará con amargura cuando descubramos que el dinero no se come.

El antiguo camino de l’Escala del Pas Nou es ahora una carretera, reasfaltada no hace mucho.

Ya en el Montsec de Rúbies, empieza la bajada a Vilanova de Meià, con otro espectacular paisaje que nos ofrece el recorrido de la CAT700, al bajar por una estrecha carretera entre riscos de conglomerados calcáreos. Un paisaje que se contempla sobrecogido por los imponentes muros que nos rodean y por el más absoluto silencio y tranquilidad que se respira: un lujo absoluto.

Una mirada atrás antes de abandonar el espectacular desfiladero que atraviesa el Montsec de Rúbies, en la Noguera (Lleida).

Tras superar Vilanova de Meià parecería que todo va a ser bajada hasta Artesa de Segre, pero aún no hemos dejado atrás del todo el Prepirineo y el track aún sube un poco más para ya, a la altura de Alentorn, mostrarnos el Mig Segre, paisaje que es la verdadera puerta entre la llanura y la montaña. Cuando cruzamos el Segre, poco antes de entrar en Artesa de Segre, podemos decir adiós definitivamente al Pirineo.

Estrategia

¿Podemos llamarla ya la CAT700 del bocadillo?

Cuando llegué a l’Ampolla este año y pude estrecharle la mano a Eliseu Climent, recuerdo que le dije que “este año he aprendido muchas cosas”. Siendo mi segunda participación, con un tipo de bicicleta distinto, yendo solo en vez de en pareja, con más horas de luz, con más corredores a mi alrededor, estaba claro que la experiencia este año me iba a enseñar muchas más cosas de esta poliédrica CAT700.

Ya desde mi primera participación siempre me ha planteado la CAT700 como un evento de cinco días. Aunque la naturaleza non-stop de la prueba (el cronómetro no se detiene nunca) invita a muchos participantes a sacrificar horas de sueño con el objetivo de llegar a l’Ampolla lo antes posible, a mi personalmente nunca me ha llamado la atención ese objetivo. Entiendo perfectamente a quiénes lo hacen y admiro su tenacidad y su capacidad de superar los límites de lo razonable, pero para mí el componente de puro viaje es lo que más me seduce de la CAT700, y para disfrutarlo al máximo en mi opinión requiere afrontar las etapas descansado, bien nutrido y con un tiempo mínimo para el disfrute del entorno, hacer fotografías, etc. El único “reto” que me había planteado este año en cuanto a la hora de llegada el último día era hacerlo a una hora decente para aprovechar el vale de menú que la organización incluye para poder comer en el restaurante del camping que hay en la llegada en l’Ampolla. Y más o menos lo cumplí, ya que llegué a la meta a las 16h, una hora aún decente para comer en estas latitudes.

Pero este año, aunque se mantenía el plan de los cinco días, en la planificación de las etapas que había pensado ya se intuían objetivos algo más ambiciosos: alargar más algunas etapas para poder llegar antes a la meta ese quinto día final. Básicamente todo dependía del segundo día, con la idea de hacer una etapa desde Rialp hasta Vilanova de Meià (o incluso hasta Artesa de Segre), de manera que el resto de días se alargase el final de las etapas respecto al año pasado: en la tercera etapa se dormiría en Prades en vez de en l’Espluga de Francolí, en la cuarta en Arnes o incluso en Beseit en vez de en Bot… Si en vez de salir de Bot, el último día hubiese salido de Beseit… hubiese llegado unas dos horas antes a l’Ampolla, ¡justo a la hora de comer!

Finalmente, el segundo día, después de mojarme bastante en el tramo entre Biscarbó y Cabó, y llegando a Organyà muy pronto, e incluso con la posibilidad de seguir en un grupo con cuatro corredores, me rajé a base de bien. Uno de los defectos de mi estrategia es que no voy nada preparado para salirme del guion. No llevo esterilla, ni un saco de dormir, tan solo el mínimo saco de supervivencia que exige la organización. Si seguía con el grupo hasta Vilanova de Meià, que es dónde pararon a dormir finalmente, y por lo que fuese no conseguíamos llegar (el tiempo ese día y el siguiente fue muy lluvioso), no iba a ir lo suficientemente preparado. No tengo experiencia en viajes “a salto de mata”, no he hecho vivac en mi vida, es una “barrera” invisible que algún día tengo que explorar, ya que hasta ahora todo lo he hecho muy planificado, lo que yo llamo “bikepacking de señorito”.

Por otro lado, este año he acabado las etapas muy pronto. A Organyà llegué a las 16h, el día siguiente a l’Espluga de Francolí a las 18:37 h, a Bot a las 16:41 h… Y a ratos he tenido la misma sensación de estar haciendo las cosas mal, de estar perdiendo la oportunidad de recorrer más kilómetros, de llegar antes… Lo cual no deja de ser contradictorio con mi ya reiterada filosofía: ¿no habíamos quedado que mis planes siempre pasaban por hacer la CAT700 en cinco días, a qué viene tanta prisa? Supongo que a pesar de que en la previa decía que “mi estrategia es siempre la misma: acabar y hacerlo dignamente, ¡nada de correr!” (¡el lema de este blog es “llegar es ganar”!), en mi interior late la fantasía de las grandes gestas non stop cuyos relatos tanto me gusta leer, y quizás algo de espíritu competitivo. En el fondo, me gustaría probarlo y explorar esos límites. Fantaseo con la idea, pero aún no me he atrevido.

De todas formas, aunque tenga poca épica, la estrategia de este año no ha sido para nada mala. Si tuviese que “venderla”, sería algo así como lo que sigue. El primer día hay que llegar hasta Rialp, innegociable, una primera etapa de 150 km y 3900 m+ es darle un buen bocado a la CAT700. El segundo día, para no arriesgar, una etapa corta de 86 km y 2540 m+ acabando en Organyà permitirá recuperar y descansar bien para una tercera etapa larga de 170 km y 3500 m+ bastante rodadora hasta l’Espluga de Francolí. La cuarta etapa, de 127 km y 2700 m+, de transición, ni muy larga ni muy corta, permite llegar a una hora decente a Bot para de nuevo poder descansar bien y recuperar de cara a la última etapa, de 153 km y 2200 m+.

La ventaja de esta estrategia es que al descansar y recuperar mejor que otros corredores, la velocidad media en movimiento a la que se puede ir es mayor. De hecho, he acabado llegando antes a meta que otros corredores que han hecho etapas más largas, pedaleando de noche, haciendo vivac, a veces con problemas para encontrar algo de cenar, etc. Corredores que me adelantaban cuando yo descansaba en la cama de mi hotel o albergue y que después yo adelantaba por la mañana, mucho más fresco y descansado.

Es una de las cosas que he aprendido en esta CAT700, que pese a las fantasías y a las ganas a veces indisimuladas de pasar al “siguiente nivel”, mi estrategia sigue siendo una buena estrategia, acorde con mi filosofía de los viajes en bicicleta y que en términos de puro rendimiento, incluso es mejor que otras estrategias más extremas.

Otro aprendizaje de este año tiene que ver con el hecho de ir solo. El 99% de mis salidas en bicicleta siempre son en solitario. No es que rehúya la compañía, pero cuando empecé en serio en esto del ciclismo no tenía muchos amigos que fuesen en bicicleta. Además, tengo mucha flexibilidad de horarios y me es más fácil irme solo y muchas de mis salidas son entrenamientos estructurados que se hacen mejor en solitario, etc, etc. Estoy muy acostumbrado a ir solo. No evito la compañía de otros, pero me gusta ir siempre a mi ritmo. Por otro lado, es evidente que cuanto mayor sea el grupo, más lento se va. Esto no se aplica en el ciclismo de carretera, o en pruebas donde hay mucha competitividad, como la Ubound Gravel (antes conocida como Dirty Kanza), porque entran en juego las ventajas del rebufo, pero sí en la CAT700 o en general en cualquier viaje largo que hagamos con nuestros amigos. Uno de los indicadores que ha mejorado este año respecto al pasado es la relación entre el tiempo total de la etapa y el tiempo en movimiento. Como se ve en la tabla que se muestra a continuación, de las cinco etapas de la CAT700 2021, solo en una he estado más tiempo parado respecto al tiempo total que el año pasado (y por muy poco, apenas un 1%).

Pedalear en grupo exige solidaridad, con el corredor más lento, con el corredor que tiene una avería o necesita parar por lo que sea (¡hay que sincronizar esas vejigas!). Y no significa pasarlo peor necesariamente, simplemente es otro tipo de experiencia, en la que el rendimiento puro pasa a un segundo plano y donde lo importante es la experiencia compartida. Els Set de la Terra Alta lo expresaron con mucha emoción cuando exclamaban a su llegada a l’Ampolla que “lo sacrifici compartit és el millor trofeo” (el sacrificio compartido es el mejor trofeo). Cada vez que veo ese vídeo me emociono sin remedio. ¡Qué tipos tan grandes!

Respecto a la nutrición, me he dado cuenta que algo que expresé en la crónica del año pasado, «mi cuerpo necesita comida de verdad para resistir jornadas tan largas pedaleando», no necesariamente significa sentarse a comerse dos platos, basta salir con un buen bocadillo todos los días e írselo comiendo poco a poco cuando apetezca. Además de ganar tiempo al no haber necesidad de «entaular-se» (expresión catalana que significa literalmente «sentarse en una mesa», especialmente a comer, y que implica, por diversos motivos, pasar un tiempo mayor del estrictamente necesario para comer), uno para dónde y cuándo quiere, con las ventajas que ello implica.

En conclusión, y pese a no haber variado la estrategia del todo respecto al año pasado, sí ha sido una buena prueba de que sin parar tanto rato a comer y sin necesidad de largas e inciertas jornadas de bicicleta, se puede completar una CAT700 cuidándose y recuperando bien cada día para poder dar lo máximo. Y además siendo más rápido que el año pasado. Creo que de cara al año que viene voy a aumentar la apuesta: quiero llegar aún antes el quinto día a l’Ampolla, no solo para comer a una hora más decente, ¡sino para darme un baño en la piscina del camping!

Material y bicicleta (todas me salen buenas)

El inicio del montaje de la bikepacking queen… cuadro y poco más.

No he tenido muchas bicicletas en mi vida, pero todas las que he comprado desde que me decidí tomarme en serio esto del ciclismo, me han salido buenas. Estoy enamorado de mi Specialized Roubaix 2017, que tiene todo lo que necesito en una bici de carretera, incluido el ser más que capaz en viajes de bikepacking. Y qué decir de mi segunda Specializad Epic, la Expert carbono de 2016, con la que hice tres Transpyr y tantas maratones y ultramaratones MTB. O la Nordest Albarda, otro amor a primera vista que me descubrió el gravel más montañero.

Este año, en expresión de Eliseu Climent, me pasaba al “lado oscuro”, porque iba a cambiar la gravel por una bicicleta de montaña para la CAT700 2021. Las razones son variadas, primero, por el puro placer de probar, experimentar y poder comparar. También para poder hacer rutas más técnicas y no perder habilidades (aunque la Albarda ha sido una gran escuela con su geometría casi trail y su gran estabilidad y facilidad de conducción en todas las condiciones). Tengo un “establo” más diferenciado: bicicleta de carretera, bicicleta de montaña y una Albarda que ahora monta cubiertas más estrechas y de menos taco y un plato más grande que le dan un carácter más rodador, más cercano al gravel convencional.

Para esta CAT700 2021 buscaba una bicicleta de montaña rígida, para ahorrarme algo de dinero en la compra, para buscar más ligereza (10 kg pelados) y porque viniendo de un par de años muy graveleros (más de 8000 km con la Albarda desde octubre de 2019) pienso que me las puedo arreglar suficientemente bien con una bicicleta de montaña rígida con unas cubiertas de mucho balón, de momento no necesito una doble. La bicicleta me llegó a principios de este mayo, y después de un arduo proceso de personalización (¡de la bicicleta original solo ha quedado el cuadro y los mandos y pinzas de freno!) tenía la bicicleta soñada para esta CAT700. Pertenecer a un club como el Cicles Sans ha ayudado mucho, por la experiencia que atesoran y por el trato especial.

Para los curiosos, este es el montaje de mi Specialized Epic HT “Bikepacking Queen”:

Cuadro Specialized Epic HT FACT 11m Talla L
Ruedas Specialized Roval Control Carbon 29
Cubierta Specialized Ground Control 2.3 (delante)
Cubierta Specialized Fast Track 2.3 (detrás)
Panzer EVO Tire Insert antipinchazos (rueda trasera)
Horquilla RockShox SID SL Ultimate Brain
Manillar Specialized S-Works Carbon
Tija Specialized S-Works Carbon
Cambio SRAM GX Eagle AXS
Cassette SRAM GX Eagle 12v 10-51
Cadena SRAM GX Eagle 12v
Plato Absolute Black ovalado de 34 dientes
Bielas SRAM XX1 carbono + araña potenciómetro Quarq DZero
Pedales Shimano XTR PD-M9100
Frenos Shimano SLX M7100
Discos de freno Galfer Wave 180 mm (detrás) y 160 mm (delante)
Puños ESIgrips Extra Chunky
Sillín Specialized Power Pro Elaston

Sesión de Body Geometry Retül en Cicles Sans – Specialized Concept Store Vilafranca del Penedès.

A todo este material que pedí “a la carta” (incluidas las recomendaciones de los mecánicos del Cicles Sans) hay que añadir un toque final fantástico: un Body Geometry Retül realizado en Cicles Sans – Specialized Concept Store Vilafranca del Penedès por el experto de la casa, Joan Batet. Casi tres horas de mediciones exhaustivas que acabaron con un ajuste de la bicicleta que ha resultado ser perfecto. Este es un punto muy importante para mí porque de siempre, en los viajes por etapas, tanto con la Epic doble como con la Albarda, siempre he acabado con los dedos anular y meñiques adormecidos, adormecimiento que ha tardado muchas semanas en desaparecer. Y cuando pensaba que no había remedio para esto, que era algo inevitable, y que me iba acompañar siempre esta pequeña incomodidad, el ajuste de esta bicicleta ha hecho que por primera vez no haya tenido rastro de adormecimiento de larga duración en las manos.

En general, mi cuerpo ha agradecido mucho el cambio a la bicicleta de montaña, el penúltimo día de la CAT700 2020 tuve que pasar por la farmacia a comprar crema para el dolor lumbar y de cervicales, antiinflamatorios, y al acabar estuve varios días sin fuerza en los dedos de las manos, casi no podía utilizar un cuchillo de manera normal… Este año la bicicleta de montaña no solo me ha permitido ir más rápido, especialmente en las bajadas, sino que también ha aliviado mucho el trabajo que han tenido que soportar manos y brazos. Y un ciclista menos cansado es siempre un ciclista más seguro, más rápido, y más feliz.

No obstante, reconozco que haber hecho la CAT700 original en bicicleta gravel tiene un cierto carácter quijotesco. Eso que los anglosajones llaman ir “underbiked”, es decir, ir con menos de lo que se considera adecuado para una disciplina concreta (por ejemplo, hacer trialeras con una gravel). Es algo que no considero una tontería, más bien una mezcla de tozudez y ganas de experimentar, de aprender cosas nuevas. Es algo que todo ciclista debería hacer alguna vez, una experiencia que suele enseñar muchas cosas.

A pocos minutos de tomar la salida en Les, lista y en perfecto estado de revista.

La geometría de “XC moderno” de la Epic HT, es decir, horquilla más lanzada, pedalier más bajo, mayor distancia entre ejes, ya intuía que iba a funcionar muy bien. La geometría más trail hace, en mi opinión, las bicicletas más fáciles de conducir, y sobre todo más estables y seguras en las bajadas. Además, el peso extra de las bolsas de bikepacking, aunque evidentemente penaliza en las subidas, le da a la bicicleta un mayor aplomo bajando. El típico rebote del tren trasero de una rígida prácticamente desaparece, y el peso extra sobre la horquilla hace que la bicicleta trace muy segura las curvas. Se pierde agilidad, pero no flow. Es un flow diferente, que requiere de mayor anticipación, pero la bicicleta va sobre raíles, con una compostura que hace que solo te tengas que concentrar en la trazada.

Uno de los componentes más novedosos es el cambio electrónico inalámbrico, una auténtica “pijada” que al principio hizo que Guillem, uno de los mecánicos del Cicles Sans, arrugará el ceño, ya que suponía 200 gr más que el cambio convencional (¡siempre pensando en lo mismo!). El que he instalado es la versión “barata”, la AXS GX, prácticamente idéntica al original AXS XX1, lo único que cambia es que en la GX la pletina de las roldanas de cambio es de acero forjado, mientras que en el XX1 es de carbono. La tornillería es de acero, en vez de titanio, y las roldanas de cambio emplean rodamientos de acero, en vez de los rodamientos cerámicos sellados de la versión XX1. Por lo demás, el resto de componentes, así como su funcionamiento son exactamente idénticos a la versión “premium”, y por casi la mitad de precio.

El cambio electrónico es más preciso y se desajusta menos, cambiar de marchas requiere de menos esfuerzo en las manos, y además se puede programar para que una pulsación larga suba o baje tres coronas de golpe. Evidentemente se añade más complejidad por un lado (baterías, motores), pero también se evitan cables, fundas y ajustes más frecuentes del cambio. Mi veredicto después de la CAT700 2021 es que el cambio electrónico inalámbrico es un gran invento, y que una sola carga de batería me habría durado con seguridad todo el recorrido. Finalmente, el último día se encendió la luz roja del cambio, lo que indica que quedaba un 25% de carga en la batería, pero para no arriesgar ni andar preocupado, le puse una batería nueva la mañana del último día.

Otro componente que ha pasado desapercibido, y por lo tanto podemos decir que ha hecho bien su trabajo, ha sido la banda de espuma antipinchazos Panzer EVO. Permite llevar presiones más bajas sin riesgo de llantazo, pesa solo 90 gr, es compatible con el líquido tubeless y tan solo necesita de una válvula especial. Con unos 8 kg de equipaje encima la presión de los neumáticos es importante en bikepacking de montaña, demasiada presión y se pierde agarre y comodidad, poca presión y corres riesgo de dañar la llanta. Con las cubiertas de 2.3 y el Panzer EVO detrás pude llevar unas presiones cómodas, aproximadamente 1,3 bar detrás y 1,1 delante.

Respecto al resto de material, repetía prácticamente todo el conjunto de bolsas y luces utilizadas el año pasado. Tan solo hubo un par de cambios, la bolsa Rockbros de cuadro que llevé el año pasado la sustituí por una bolsa de tubo superior, pero colocada junto a la tija. Esta bolsa fue precisamente la única parte del material que no llegó entero a l’Ampolla. El tercer día, mientras grababa con la GoPro un plano lateral estuve a punto de caerme y de alguna manera, al recuperar la compostura encima de la bicicleta forcé la posición de la correa que la sujetaba a la tija con la pierna, rompiéndola. La sujeté con una brida y asunto arreglado, pero me decepcionó bastante la calidad de la correa.

A la izquierda, calzado estilo barefoot que se plega completamente, casi 500 gr, a la derecha, escarpín del Decathlon tuneado, 166,2 gr. ¡No hay color!

Otra parte del material que no he cambiado pero sí he afinado es el calzado de paisano que llevo (sí, llevo una muda completa para salir a cenar por ahí, bikepacking señorito, ¿recuerdan?). Este año había comprado unas zapatillas estilo barefoot bastante bien de precio, que se podían doblar y enrollar, ocupando muy poco espacio. Pero cuando me llegaron y las pesé… ¡casi medio kilo! Lo que había llevado el año pasado, unos escarpines del Decathlon me habían funcionado bastante bien, excepto el día que paramos a dormir en l’Espluga de Francolí. El kilómetro que andamos para ir y venir del Hostal del Senglar a la Plaça de l’Esglèsia me dejaron los talones muy doloridos. Supuse que era porque los escarpines no tenían ningún tipo de talón, así que este año he hecho un apaño y le he metido una plantilla de unas zapatillas y et voilà, ¡problema solucionado!

¿Volveré?
Sí, no hay más que hablar. Hay que llegar antes a comer a l’Ampolla y bañarse en la piscina. Os dejo ahora con un apéndice a esta crónica, especialmente indicado para aquellos familiarizados con los entrenamientos estructurados y plataformas como Training Peaks. O que no estén familiarizados con el tema pero tengan curiosidad…

Apéndice: Rendimiento

La gráfica que produce Training Peaks a partir de todos los datos de entrenamientos en el periodo Julio 2020 – Julio 2021.

Este año ha sido “normal”. Como explicaba en la previa, he seguido el calendario habitual, en el que la prueba importante del año, sobre la que uno planifica todo el entrenamiento, es en junio. A eso es a lo que he estado acostumbrado siempre, y eso fue lo diferente el año pasado, con la CAT700 pospuesta hasta octubre. Este año pude iniciar una base en febrero para aumentar la intensidad y el volumen a partir de abril y poder llegar a junio con buenas cifras.

Las “cifras” de las que hablo son los parámetros de rendimiento que utiliza la plataforma Training Peaks. Llevo desde finales de 2017 entrenando con potenciómetro y durante 2018 y 2019 estuve entrenando bajo la supervisión de un entrenador profesional. Durante este tiempo he aprendido unas cuantas cosas sobre el entrenamiento con potenciómetro y apoyándome en algunas lecturas, especialmente “Faster After 50”, de Joe Friel, he acabado gestionando yo mismo los entrenamientos. Para el tipo de pruebas en las que participo y con las expectativas que tengo, creo que ya no necesito la supervisión de un profesional, aunque la experiencia vivida con uno me ha sido muy valiosa y ha sido una parte importante de mi aprendizaje.

El sistema de Training Peaks está pensado para trabajar con entrenamientos estructurados y para guiar la evolución del rendimiento del deportista. Para esto necesitamos cierta información previa, como el resultado de una prueba de potencia de 20 minutos (el famoso FTP test), para poder establecer nuestras zonas de potencia. Si además le sumamos una prueba de esfuerzo anual que complemente las zonas de potencia con las zonas de frecuencia cardiaca, y valores importantes como los umbrales aeróbicos y anaeróbicos, tendremos ya una excelente base para que Training Peaks nos vaya calculando una serie de indicadores que tienen como cometido informarnos de cuál es nuestro estado actual y así poder “programar” su evolución planificando futuros entrenamientos:

CTL: Chronic Training Load (Carga Crónica de Entrenamiento) o Fitness (aptitud física). Combinando la duración y la intensidad de los entrenamientos y salidas que hacemos se calcula un valor promedio de la carga de entrenamiento de las últimas 7 semanas. La cifra de CTL expresa “cuánto has entrenado”.

ATL: Acute Training Load (Carga Aguda de Entrenamiento) o Fatiga. Combinando la duración y la intensidad de los entrenamientos y salidas que hacemos se calcula un valor promedio de la fatiga que hemos acumulado en las dos últimas semanas. La cifra de ATL nos dice lo fatigados que estamos.

TSB: Training Stress Balance (Equilibrio del Estrés del Entrenamiento) o Forma. Se calcula a partir del Fitness (CTL) y la Fatiga (ATL) del día anterior, restando el valor de la Fatiga al del Fitness (TSB = CTL – ATL). El valor puede ser positivo o negativo. Un valor positivo indica “frescura” y un valor negativo indica “fatiga”.

Aquí quiero aclarar que el término Forma, que utilizo aquí porque es el que utiliza Training Peaks, me parece poco acertado (sería mucho más claro Estado o Equilibrio de Forma), porque parecería que los valores más altos serían mejores y en realidad esta métrica es mejor que no tenga valores positivos muy altos (estamos demasiado “frescos”, nos falta carga de entreno) ni valores negativos muy altos (estamos demasiado fatigados).

Tanto este valor como los demás hay que saber interpretarlos a partir de la experiencia, y ver con qué valores solemos funcionar mejor. En todo caso hay que pensar que estos modelos son solo eso, modelos numéricos muy simples que trabajan con pocas variables. Hay muchos factores externos, estado de salud, estrés, alimentación, temperatura, que pueden influir tanto o más que estas métricas.

Aun así, esta es la comparación entre los valores de este año y el año pasado antes de comenzar la CAT700:

En 2020 había estado los días anteriores resfriado y en las dos semanas anteriores al día de la salida había hecho solo 4 horas de bicicleta. Por tanto, tenía un Fitness relativamente bajo (79), una Fatiga muy baja (36) y una Forma demasiado alta (39). El primer día, y especialmente las primeras horas, me costó muchísimo encontrar el ritmo, me veía muy «fuera de tono», todo me costaba. Por el contrario, este año los valores han sido mucho mejores. Un Fitness de 96 está muy bien para empezar la CAT700 y suelo tolerar bien la fatiga, así que una Fatiga de 85 tampoco esta mal, y la Forma muy equilibrada, -1.

Sin picos de potencia destacables en la primera etapa de la CAT700 2020.

Comparando los valores máximos de la primera etapa en 2020 y 2021 se ve claramente que el 2020, pese a estar descansado, demasiado, me costó ponerme en marcha. No hay valores máximos de potencia, sino de pulsaciones (mala señal en una prueba de resistencia), todos ellos en las primeras horas del primer día. Por el contrario, este año, ha habido valores máximos de potencia en la primera etapa, y valores significativos, además, como los mejores 90 minutos de potencia del 2021 (que corresponden al último tramo de la subida al Coll de Varradó, desde Sant Joan d’Arros).

En la siguiente tabla muestro más indicadores del rendimiento para poder comparar la CAT700 de este año con la del año pasado. La potencia normalizada (NP) estima la potencia que podría haber mantenido con el mismo esfuerzo, si la potencia hubiera sido perfectamente constante, sin la variabilidad que se observa en un recorrido real. El Factor de Intensidad (IF) está basado en los resultados del test de potencia de 20 minutos (FTP) y resulta de dividir la potencia normalizada entre la potencia obtenida en el test FTP. El Efficiency Factor (EF) es el resultado de dividir la potencia normalizada por las pulsaciones medias, y da una medida de la eficiencia aeróbica, cuanto mayor sea el valor más potencia daremos por unas pulsaciones dadas.

Los datos presentados explican que en 2021 he sido más eficiente, al haber sido capaz de producir más trabajo por unidad de tiempo (potencia) con menos esfuerzo aeróbico (pulsaciones medias). Pese a esto, la intensidad (lo cerca que he estado de mis valores máximos de potencia en un esfuerzo de 20 minutos) ha sido mayor en tres de los cinco días, e incluso en los días de 2021 en que la intensidad ha sido igual (día 3) o menor (día 4), la eficiencia aeróbica se ha mantenido por encima de los valores de 2020.

Para finalizar, y para que se vea que todos estos números son siempre relativos, me gustaría volver al principio de esta sección, cuando comentaba los valores de Fitness (96), Fatiga (85) y Forma (1) con los que llegaba este año a la CAT700, y compararlos con los valores del último día, antes de empezar la última etapa: Fitness (128), Fatiga (239) y Forma (-96). Estos son valores para tomarse unos días de descanso y, sin embargo, como comentaba en la crónica de este día, fue una de las etapas en las que me sentí más fuerte. Evidentemente, viendo los números, no fue un día de récords, porque la fatiga es real, las piernas pesan, las pulsaciones no suben, etc, pero mis sensaciones eran que tenía piernas para mantener un buen ritmo y poder apretar en los repechos sin miedo a desfondarme. En definitiva, esos números, sin ser definitivos, te dan una aproximación al momento de forma actual, pero no explican toda la historia. La historia, finalmente, se escribe día a día, pedaleando.