El desayuno en el Hotel es tan bueno como la cena. ¡Cómo se agradecen estas cosas! Jamón, tortilla de patatas, pa amb tomàquet, pastel casero. No hay mejor manera de empezar el día. Comparto mesa con cuatro ciclistas vascos que están haciendo la Transpyr Road. Algún día me gustaría hacerla… quizás en 2017. Le tengo mucho respeto a la versión Road. Los desarrollos duros, el asfalto caliente y abrasador, la posición en la bicicleta menos dinámica… ¿Pero qué hago pensando en 2017? ¡Si el año que viene voy a repetir con mi primo, que este año no ha podido venir por lesión!

Tener la bici revisada y limpia cada mañana tiene precio, pero vale mucho la pena. ¡Gracias, +QueBici!

Tener la bici revisada y limpia cada mañana tiene precio, pero vale mucho la pena. ¡Gracias, +QueBici!

Me reencuentro con Iñigo en la salida. Me cuenta que en el Camp no se descansa mucho, es de los que cuando suena el primer despertador, ya no se vuelve a dormir. A mí me pasa lo mismo, estoy lleno de manías a la hora de dormir, y por eso contraté el paquete de hotel. Tampoco es que yo descanse a pierna suelta…

No hay euforia en la salida, pero hemos superado ya dos etapas. Todo lo que podemos decir es que estamos listos para otro día, y eso es justo lo que necesitamos para superar este reto, ir día a día, sin pensar en mañana, solo en la ruta que tenemos por delante. Y vaya ruta, hoy tenemos por delante la que muchos consideran la etapa “reina” de la Transpyr, 120 km y 3500 metros de desnivel positivo acumulado, que nos llevarán hasta el Pont de Suert.

Pocos metros después de la salida pasamos frente al cuartel de bomberos. Me dirijo a ellos señalando a Iñigo, “ehhh, ¡aquí tenéis a un compañero vuestro, bombero de Donosti!”. Cuando me enteré de que mi compañero iba a ser un “bombero de Donosti” me alegré un montón. Los bomberos son siempre buenas personas, que no rescatan bancos, sino que rescatan a gatitos y perritos en peligro, además de apagar fuegos y otras heroicidades, ¿verdad? Generalizaciones aparte, eso me dio un plus de tranquilidad, ¡por lo menos iría acompañado de alguien acostumbrado a rescatar a gente! Bueno, yo también tengo algo de entreno en rescates, pero de submarinismo, y de eso hace ya algún tiempo… si alguien se cae a un río o a un lago… Siempre he tenido bastante suerte en la vida con las personas con las que me he ido encontrando. Y con Iñigo no ha sido una excepción. Además afrontamos la prueba con una mentalidad muy parecida, muy “diesel”, ir a nuestro ritmo, con precaución, a acabar.

Los primeros 12 km transcurren junto al río Segre, por caminos estrechos que bordean campos de cultivo. Son muy planos y aún vamos bastante agrupados. Enlazamos con una pista forestal de tierra rojiza y empieza una corta pero dura ascensión seguida de la correspondiente empinada bajada que nos llevará a otro valle, cerca de Noves de Segre. Desde allí, y ahora por carretera, seguimos ascendiendo, próxima parada, el avituallamiento de Castellà. Son 12 km en los que superaremos 681 metros de desnivel positivo acumulado, con un porcentaje medio del 4%. Tardamos poco más de hora y media en llegar a Castellà, donde además del avituallamiento nos espera un vecino que acostumbra a amenizar a los participantes de la Transpyr con la música de su acordeón.

Aun queda para coronar Les Piques, en la serra de Mollet, antes de iniciar la bajada a Gerri de la Sal.

Aun queda para coronar Les Piques, en la serra de Mollet, antes de iniciar la bajada a Gerri de la Sal.

Nos queda aún un largo camino hasta el avituallamiento de la comida, en Gerri de la Sal, y aunque buena parte del camino es de bajada, aún nos quedan casi 10 km de ascensión, con un buen porcentaje medio del 6%. Tardamos 1 hora y 20 minutos en coronar, si no me equivoco estamos muy cerca del pico de la Corona Alta. Poco antes de llegar al punto que marcaría el inicio del largo descenso hasta Gerri de la Sal, los fotógrafos de Foto Sport Barcelona nos esperan. De hecho hay un buen puñado de ciclistas en el lugar. Grabo un pequeño vídeo, cuando faltan unos metros para coronar, en el que explico las sensaciones que uno tiene cuando mira hacia arriba, y en vez de verde y marrón, lo que ve es el azul del cielo. ¡La cima está cerca!

[Youtube]

En el perfil de la etapa ya hemos podido comprobar que la bajada hasta Gerri de la Sal es una de las más largas de la Transpyr 2015. Son más de 20 km y más de 1000 metros de desnivel negativo acumulado. El track transcurre casi en su totalidad por una pista pedregosa pero que permite ir bastante rápido. Atravesamos el pueblo abandonado de Sant Sebastià de Buseu y luego enlazamos con una pequeña carretera local asfaltada cerca de Baen para finalmente entrar en un sendero empinado y peligroso de unos 2 km en Bresca que nos dejará en Gerri de la Sal. Iniciamos el descenso a buena marcha, con cuidado de no chocar con alguna de las piedras más grandes que vamos encontrando, o con algunas de las ramas caídas de los árboles cercanos. Hay un trozo particularmente rápido, en el que se alternan largas rectas con giros muy cerrados. El bosque que atravesamos es frondoso, y por lo tanto en sombra, pero a medida que descendemos comprobamos que el calor es otra vez muy fuerte. Aunque parece un tramo fácil, en el que poder descansar, brazos y piernas notan el esfuerzo. Al final me duelen las puntas de los pies y también los dedos de las manos encargados de frenar.

A punto de llegar a Gerri de la Sal, mientras negocia una trialera con grandes piedras sueltas, Iñigo está a punto de caer por un barranco. Por suerte queda frenado por un arbusto, mientras acudo junto a otro corredor a levantarlo. No ha pasado nada, pero poco ha faltado. La Transpyr no es una prueba especialmente peligrosa, pero basta un descuido, una piedra en medio del sendero, para tener un accidente grave. Esto puede pasar también un domingo cualquiera, saliendo con los amigos, pero nos queda aún un largo camino hasta Hondarribia y hay que extremar las precauciones.

El calor en Gerri de la Sal es extremo, es un valle estrecho, y en palabras de un miembro de la organización “a estas horas se calienta como una olla en el fuego”. Por suerte el avituallamiento se encuentra en una especie de chiringuito rodeado de enormes pinos junto al río. Nos refrescamos con una manguera de la que sale un agua helada, ¡qué contraste! Como un plato de espaguetis con tomate, con bastante desgana, la verdad. Para un sibarita de la pasta como yo… ¡Pero hay que comer! No puedo estar alimentándome todo el día de sandía (agua y azúcar), aunque refrescante y muy apetecible, no es alimento para lo que nos queda aún.

El avituallamiento en Gerri de la Sal, arboleda junto al río, sombra, fresco, lástima que sea por poco tiempo.

El avituallamiento en Gerri de la Sal, arboleda junto al río, sombra, fresco, lástima que sea por poco tiempo.

Es una sensación un poco frustrante la que tengo mientras acabo de comer. En el chiringuito se está muy bien, en la sombra, muy fresco. ¿Y ahora tenemos que volver a subir a la bicicleta y pedalear cuando el sol está pegando más duramente? Efectivamente, hay que continuar, no podemos perder tiempo, así que nos volvemos a remojar con la manguera y de vuelta a la bicicleta.

Nos quedan aún dos ascensiones importantes antes de llegar al final de la etapa y la primera de ellas la vamos a hacer en las horas más calurosas del día. Saliendo de Gerri de la Sal circulamos unos pocos kilómetros por carretera nacional antes de iniciar el ascenso por una pista de tierra. En total serán 16,4 km con un desnivel positivo acumulado de 531 metros, antes de iniciar un descenso hasta el avituallamiento situado en Senterada. No todo el tramo es de subida, pero lo que predomina es ir acumulando desnivel positivo. Tampoco subimos con unos porcentajes exagerados, pero el calor es de nuevo asfixiante. Durante la subida paramos un par de veces, de manera extraordinaria. La primera parada es para esperar a unos compañeros. Uno de ellos tiene problemas con su pierna, más tarde le será diagnosticada una flebitis que le obligará a descansar durante dos días. La otra parada es para echar una mano a un par de corredoras que han pinchado y necesitan algún recambio que otro (cuando averiguamos qué tipo de pinchazo es). Mientras tanto, un par de cazas de combate hacen prácticas de dogfighting en las montañas cercanas.

Pronto abandonamos la pista y entramos en una serie de senderos que bordean campos de cultivos delimitados por muros hechos con piedras apiladas. Es un terreno ondulado, pero circulamos despacio porque hay mucha piedra y cambios de dirección, árboles por el medio, etc. Antes de coronar pasamos junto a un lago del que nos han hablado en el briefing. Ni siquiera paramos, la etapa de hoy, posiblemente una de las más duras, va a ser muy larga, y vamos con el chip de “no hay tiempo, no hay tiempo”.

Después de coronar nos queda una bajada de casi 5 km hasta Senterada. Los últimos 2 km de esta bajada son por un sendero técnico, difícil, muy empinado, con un porcentaje medio del 12,5% y en el que descendemos nada menos que 273 metros. El tramo final es de aquellos que me hacen dudar de si bajarme de la bici o no, una trialera pelada y resbaladiza que acaba bruscamente en una pista. Me lanzo, la bajo, sin caerme. ¡Parece que voy aprendiendo algo! Llegamos al avituallamiento de Senterada, en una arboleda junto a la piscina municipal. Nos entran unas ganas locas de bañarnos, pero nos conformamos con una manguera (¡suerte de las mangueras!) y con un avituallamiento que además de la sandía y los frutos secos nos ofrece un pequeño bocadillo de embutido y refresco de cola frío. Me sienta todo estupendamente. Estoy incluso eufórico, nos acabamos de refrescar, de comer con ganas, el calor ha empezado a remitir un poco y ya solo nos queda una ascensión antes de acometer la última bajada del día, que nos llevará al Pont de Suert, y además por una carretera asfaltada (bajada + asfalto = velocidad, algo de lo que no andamos muy sobrados precisamente).

Salimos del avituallamiento lo más frescos que hemos podido, a partir de ahora casi todo subida hasta coronar, unos 12,3 km por carretera y pista compactada, con una pendiente media del 4,9% y 601 metros de desnivel positivo acumulado hasta arriba. No vamos muy rápido, a unos 7 km/h de media tardamos 1 hora y 46 minutos hasta el punto más alto. Poco antes pasamos por el pueblo de Cérvoles, encaramado en un risco imposible. Hacemos algunas paradas para esperar a los compañeros. Hoy sí vamos en grupo todo el rato, y juntos llegaremos hasta la meta. Aunque el ánimo es bueno, el cansancio acumulado en el día de hoy hace mella, llevamos casi 100 km y aún después de coronar, nos queda un repecho de un par de kilómetros.

Cérvoles, un pueblo espectacular.

Cérvoles, un pueblo espectacular.

Por lo menos, el tramo final no tiene trampa alguna, pura bajada de asfalto en una carretera solitaria. Son 10,5 km hasta el Pont de Suert, en los que descendemos 351 metros. Tardamos 18 minutos, a la increíble velocidad media de 35 km/h. Al menos en la bajada soy de los más rápidos y nadie me tiene que esperar. El efecto de la bajada, avanzar sin apenas esfuerzo, hace que la euforia haga su aparición de nuevo. Entramos en el Pont de Suert sonriendo y saludando. Otro ciclista nos advierte desde la calzada “daos prisa, estáis a punto de no pasar el corte, es a las 8 de la tarde”. Miro el reloj, las 19:56. No quedan ni cien metros para la llegada. Pasamos el corte.

En esta etapa, muy larga, y podríamos haber ido un poco más rápido simplemente perdiendo menos tiempo. Pero hemos preferido evitar estar pendiente del reloj, para no estresarnos más aún. Con el calor que estamos sufriendo, me parece excesiva además la presión del cronómetro. Aunque parezca mentira, mi única obsesión es no forzar demasiado y no sufrir un golpe de calor. Lo de ser finisher, aunque presente, queda a un lado. Así de duras estan las cosas.

En lo físico, aunque cansado, no estoy mal. Los fisios me aseguran que a nivel muscular estoy muy bien. Y es que, exceptuando la primera etapa, no he forzado la máquina, por la razón antes expuesta, por el miedo a los efectos del calor. Sí que arrastro un pequeño problema en las manos: los dedos meñique y anular presentan un poco de entumecimiento, junto con una parte de la palma de la mano. Los tengo un poco dormidos, algo que no afecta para nada a mi capacidad de ejercer fuerza con la mano. De hecho me di cuenta ayer, al bajarme de la bici. Posiblemente es un problema de cervicales, por lo que he aligerado algo de peso la mochila eliminando cosas (el botiquín), y llenando menos el camelback (1,5 l en vez de 2l), además de ajustarme mejor las correas.

Después de instalarme en el hotel busco un restaurante (el de un hotel cercano). Bebo agua sin parar y me como un canelón primitivo de la Cerdanya y una pierna de cordero hecha a fuego lento al horno. No me la acabo, ¡tengo miedo de empacharme!

Poco a poco, muy poco a poco, empiezo a animarme por haber acabado una etapa más, una de las más duras de esta Transpyr 2015. Casi no entramos en el corte, pero seguimos en carrera. Mañana solo serán 95 km, después de tres etapas de más de 110 km cada una, ¡hay motivo para la esperanza!

Transpyr 2015 Etapa 4: El Pont de Suert – Aínsa