Aquí han dormido los ciclistas del Camp Transpyr, con sus bicis al lado, como tiene que ser.

Aquí han dormido los ciclistas del Camp Transpyr, con sus bicis al lado, como tiene que ser.

Amanece en Pont de Suert y la temperatura es fresquita, ¡ojala se mantuviese así todo el día! Hemos superado ya las tres primeras etapas. Dicen que son las más duras, y que a partir de la cuarta etapa empieza otra Transpyr. De hecho tenemos por delante dos etapas con “poco” kilometraje, “solo” 95 km cada una.

Los que van delante incluso piden un masaje de calentamiento. Lo van a necesitar si no quieren perder comba en los primeros kilómetros.

Los que van delante incluso piden un masaje de calentamiento. Lo van a necesitar si no quieren perder comba en los primeros kilómetros.

Como amanezco contento y de buen humor por seguir en la carrera y algo más confiado de mis posibilidades, grabo un vídeo en el que muestro las pequeñas rutinas diarias en la habitación del hotel, cómo me organizo las cosas, la ropa, los cargadores, etc.

[Youtube]

La etapa empieza sin tregua, con fuertes rampas que empiezan nada más pasar por el arco de salida, son seis kilómetros de ascenso por una pista bastante rota. A partir de ahí queda todavía más desnivel positivo hasta Bonansa, ya estamos en Huesca (capital mundial), pero enseguida tomamos una carretera que sigue subiendo durante unos tres kilómetros, después llega el primer descanso del día, una bajada a tumba abierta por asfalto, 4 km de asfalto a una velocidad media de 40 km/h, ¡eso sí es avanzar! Pero los respiros en esta Transpyr duran poco, ¡concretamente seis minutos!

Nos quedan unos 4 km hasta el primer avituallamiento, en Espes, pero son por asfalto y por una carretera que transcurre por un bonito bosque, se nota que la transitan muchos ciclistas, pues tiene indicados cada kilómetro con su desnivel medio. Después del avituallamiento hay que volver a subir, de nuevo por pista de tierra, no es muy larga, apenas 5 km, pero tiene una pendiente media nada desdeñable, del 7,9%. Ascendemos lentamente, a pesar de que el calor no aprieta aún, sabemos que una vez coronemos nos quedará una larga bajada hasta enlazar con la N-260, camino del segundo avituallamiento en Senz. Paramos en la cumbre a comer un poco. La bajada es engañosa, no todo es recuperar en las bajadas en el ciclismo de montaña, las piedras, la trazada buena, la posición de ataque, todo ello desgasta y hace que consumas energía. Nos paramos a hacer fotos, el paisaje del Pirineo aragonés es espectacular, con el Parque Natural de Ordesa, el Monte Perdido y el Aneto como telón de fondo. Estoy un pelín eufórico, quizás demasiado. El último tramo de bajada antes de llegar a la carretera nacional es una pista no muy estrecha pero muy rota y con mucha piedra suelta, hay que elegir bien la trazada, pues cualquier exceso con los frenos se paga con un derrape. Llegamos a la N-260, donde miembros de la organización se aseguran de que nos incorporemos a la vía con total seguridad.

Menos fotos... ¡y más comer!

Menos fotos… ¡y más comer!

Hemos de circular durante unos 9 km por la carretera nacional antes de tomar un desvío hacia Seinz, donde está el avituallamiento. El tramo de carretera es favorable, pues vamos descendiendo, pero en un falso llano empiezo a notar señales preocupantes, no tengo nada de fuerza en las piernas. Estamos a mitad de etapa, y aún nos queda un importante ascenso antes de coronar definitivamente y empezar el descenso hasta Aínsa.

Antes de tomar el desvío y empezar a subir hasta Seinz me tomo un gel, el tramo es de carretera, unos 3,5 km en los que se ascienden 200 m, a una media del 5,8%. Son las doce y media del mediodía y el calor aprieta fuerte. Se me hacen eternos y subo de manera penosa, y sobre todo muy preocupado por mi estado físico. En Seinz me dispongo a comer a ver si me recupero, en principio parece una “pájara”, una visita del “tío del mazo”, pero por precaución me acerco a la ambulancia para que me echen un vistazo. Los niveles de azúcar en sangre son normales, esto quiere decir que el gel que me he tomado media hora antes, al notar los primeros síntomas de debilidad, está haciendo su efecto, pero aún me siento débil, sin fuerzas, con las piernas vacías. Y es que efectivamente una pájara consiste en precisamente eso, un agotamiento del glucógeno muscular que requiere reponer fuerzas y algo de tiempo para que el organismo procese los nutrientes y los haga llegar allí dónde se necesitan: mis piernas. El resto de constantes vitales es correcto, así que el plan es continuar la marcha a un ritmo sostenible y sobre todo no dejar de alimentarme. Después de unos 20 km de ascensión nos espera la mítica bajada hasta Aínsa por una espectacular red de senderos, y quiero llegar en buen estado. Al menos, mejor que ahora.

La ascensión es un ejercicio de paciencia y dosificación. El calor sigue apretando, pero por suerte entramos en un bosque frondoso en el que hay numerosos riachuelos en los que refrescarse. Al mínimo repecho duro, me bajo de la bicicleta y empujo, no quiero forzar y quiero darle a mi cuerpo tiempo para recuperarse. Hago alguna parada para descansar más y comer. Los plátanos bien maduros van a ayudarme a reponer fuerzas.

La viva imagen del ciclista apajarado.

La viva imagen del ciclista apajarado.

Tardamos casi tres horas en coronar y afortunadamente el plan de recuperación “en marcha” ha surtido efecto, poco antes de coronar ya me siento con fuerzas de nuevo. Llegamos a una fuente donde hay un nutrido grupo de corredores descansando y refrescándose. Sumidos en una terrible ola de calor que se deja notar incluso en la montaña, ¡esta fuente nos devuelve a la vida! Aunque no estoy aún al 100% me siento eufórico y contento por haberme recuperado y poder afrontar el descenso hasta Aínsa en mejores condiciones.

Espectador de excepción,

Espectador de excepción,

Avituallamiento estratégico antes de la bajda a Aínsa.

Avituallamiento estratégico antes de la bajda a Aínsa.

En La Collada, tras la Peña Montañesa y justo antes de empezar a bajar hay otro avituallamiento. Sigo comiendo, pero ya con menos urgencias, los depósitos vuelven a estar llenos y estoy listo para un descenso técnico y largo. Me siento orgulloso de cómo he gestionado la situación, sin perder la calma, con paciencia, sabiendo que estaba bien y que lo único que me pasaba es que iba en “reserva”. El grupo también ayuda, es muy importante que los que te acompañan también tengan paciencia y comprensión contigo, para que solo tengas que preocuparte de ir alimentándote y si necesitas parar te esperen. Gracias a esta buena entente llegamos todos juntos y con mucho ánimo al inicio del descenso.

Quizás otro día, ahora hemos de seguir el track.

Quizás otro día, ahora hemos de seguir el track.

He de reconocer que el descenso hasta Aínsa me imponía respeto. No destaco precisamente por mi técnica en las bajadas, aunque me defiendo e incluso disfruto. Y si no lo veo claro, paro y me bajo, al fin y al cabo, en una prueba como esta es muy importante no jugársela, pues hay que mantener la mecánica y sobre todo, no hacerse daño.

Afrontado la bajada hasta Aínsa totalmente recuperado.

Afrontado la bajada hasta Aínsa totalmente recuperado.

Los 15 km desde La Collada hasta casi llegar a Aínsa, en los que se descienden casi 1.000m, tienen un poco de todo. Tramos que imponen, como un sendero en la parte inicial que transcurre por una ladera llena de piedra suelta con su correspondiente barranco al lado, y también sectores que fluyen entre los árboles del bosque (el famoso “flow” del que hablan los anglosajones) y que te permiten anticipar y jugar con la colocación del cuerpo sobre la bicicleta para ser más eficiente en los giros y al superar los obstáculos del camino. O la espectacular última parte, pasado el Pueyo de Araguás, conocida como Badlands, y que es un sendero que recorre una serie de colinas peladas (hay muy poca vegetación o árboles) compuestas de rocas sedimentarias o margas. Este es un tramo muy conocido por aparecer en numerosos reportajes fotográficos de las revistas del sector (además de formar parte del recorrido de competiciones internacionales de enduro) y que se presta a espectaculares saltos. Tanto es así que allí se apostaron los fotógrafos que siguen la Transpyr, animando a los corredores con gritos de “¡salta, salta!”. Pero como yo no soy un corredor de enduro, sino más bien un amateur de los ultramaratones MTB y hay que cuidar la mecánica y el físico, declino amablemente la proposición.

Llegar a la meta siempre es una alegría, y más en una prueba tan dura como esta, pero la llegada a la Plaza Mayor de Aínsa es especial, ¡y eso que se llega tras una subida de 1km al 5%! (no es nada, pero tras 95km…). No solo porque es un conjunto medieval de gran belleza,  sino porque ha sido una etapa en la que lo he pasado mal y a pesar de todo he podido recuperarme y disfrutar finalmente de uno de los tramos más espectaculares de toda la Transpyr. Además, llegamos relativamente pronto, esta etapa de 95km y 2500m de desnivel positivo “solo” nos ha llevado 8h 52m, y por tanto vamos un poco mejor de tiempo.

Tras cruzar la meta me dirijo al Transpyr Camp donde dejo la bicicleta en manos de los mecánicos y pido hora para el masaje. En el hotel, el ritual de todos los días, deshacer maleta, ducha, preparación del material, pero hoy por fin tengo tiempo como para dar una vuelta por Aínsa y localizar un buen sitio para comer. Creo que es el primer día que además de la alegría natural por continuar dentro de los tiempos y por tanto seguir encaminado hacia la consecución del maillot de finisher, me siento complacido, incluso orgulloso de mi mismo. ¡Y lo celebro con la primera cerveza de la Transpyr!

El día acaba con un masaje reparador, ¡tan reparador que casi me tienen que tirar de la camilla de lo a gusto que estaba!

Transpyr 2015 Etapa 5: Aínsa – Jaca