Salida de la 6º etapa desde la Ciudadela de Jaca.

Salida de la 6º etapa desde la Ciudadela de Jaca.

Los números de la etapa de hoy asustan un poco, son 135km y 3200m de desnivel positivo acumulado, que nos llevarán de Jaca, en Huesca, a Burguete, en Navarra. Mirando el perfil de la etapa la cosa parece que no es tanto. Sí, son muchos kilómetros, pero no hay ascensiones importantes hasta el kilómetro 85, de manera que podremos llevar una velocidad media mayor durante la mayor parte de la etapa, y de esta manera no será tan dura como las puras cifras lo indican. Los primeros 34km transcurren por el valle del Aragón, más o menos siguiendo el cauce del río del mismo nombre. Aunque hay un desnivel negativo de 150 metros entre Jaca y el avituallamiento de Binies, vamos subiendo y bajando por un terreno abierto, cruzando riachuelos, subiendo y bajando por pistas de tierra, ahora compacta, ahora pedregosas. Comparado con el ritmo normal de la Transpyr, avanzamos rápido, unos 16km/h de media.

Mojándonos los pies en el río Estarrun.

Mojándonos los pies en el río Estarrun.

Se nota que todo el mundo ha pensado lo mismo, que hay que aprovechar este terreno favorable para avanzar lo más rápido posible. El pelotón se estira y puedes ver en la distancia pequeños grupos. Esto hace un poco más difícil mantenerse orientado respecto a tu grupo, ya que no vamos todos juntos y de repente no sabes si tus compañeros van en el grupo que llevas delante o bien están por detrás. Después de cruzar Javierregay hay un tramo de carretera de unos 5km, perfectamente recto, me pongo delante e intento tirar con la esperanza de que alguien me de algún relevo, pero la organización brilla por su ausencia y me quedo solo tirando en cabeza. Poco después de abandonar la carretera atravesamos Santa Engracia de Jaca, y pensando que mis compañeros se me han ido por delante, me pongo a tirar como un loco para alcanzarlos, ¡cuando en realidad van por detrás! Llego a Binies y me doy cuenta de mi error, pero al cabo de unos pocos minutos nos reagrupamos de nuevo en el avituallamiento.

Parroquia de Villarreal de la Canal.

Parroquia de Villarreal de la Canal.

Saliendo de Binies el recorrido abandona el valle del Aragón y empieza a dirigirse hacia el norte. El terreno empieza a cambiar. Seguimos circulando por pistas compactas con algunos tramos más pedregosos que otros, con frecuentes rampas y descensos, pero poco a poco la vegetación se hace más densa y pronto estamos cruzando bosques de pinos bastante frondosos. Recorremos 32km, ascendiendo 539m, por pistas, hasta llegar a Salvatierra de Esca, donde cogemos la carretera durante 6,7km hasta llegar al avituallamiento de Burgui. La carretera pica un poco hacia arriba, pero circulamos por asfalto, por una bonita carretera que sube por el valle del Roncal, paralela al río Esca y en menos de 20 minutos estamos en Burgui.

Llegando al avituallamiento de Burgui, cruzando su bonito puente medieval.

Llegando al avituallamiento de Burgui, cruzando su bonito puente medieval.

El avituallamiento está en la orilla del río, junto a un impresionante puente medieval. Las temperaturas siguen siendo altísimas, y la visión del río junto al avituallamiento hace que muchos corredores piensen lo mismo… para no perder demasiado tiempo opto por quitarme botas y calcetines y comer refrescándome las piernas en el río. ¡Hay quién zambulle y todo! Creo que es el avituallamiento en el que nos demoramos más, 35 minutos de disfrute a la sombra y refrescándonos en el río.

Un gran lugar para poner un avituallamiento.

Burgui y su puente, un gran lugar para poner un avituallamiento.

Pero estamos solo en el kilómetro 73 y nos queda más o menos la mitad de la etapa, y además ahora es cuando llegan las ascensiones importantes. Saliendo de Burgui nos esperan unos 9km por carretera en suave ascenso, hasta que abandonamos la comodidad del asfalto e iniciamos una subida sobre la que veteranos de la prueba ya nos habían advertido. Son apenas 2,6km que empiezan como un inocente sendero y que paulatinamente se va complicando, el sendero se rompe entre piedras y raíces mientras que los porcentajes de ascenso, cuya media es del 10%, se asoman al 30%. Como ya nos habían advertido, llega un momento en el que toca empujar la bici. Tardamos 42 minutos en recorrer los 2,6km, ¡a una patética velocidad media de 3,8km/h!

Coronando después de empujar mucho.

Coronando después de empujar mucho.

Una vez coronamos, iniciamos el descenso hasta el pueblo de Iciz. Son 5,3km por caminos, excepto por casi 1km que transcurre por un hermoso sendero en medio del bosque. Se agradece circular por la sombra, porque el calor sigue siendo muy intenso. Tanto es así que encontramos una enorme cañería de la que sale un agua helada y nos paramos a remojarnos, sobre todo la cabeza.

Una oportunidad así no puede desperdiciarse, el calor sigue siendo asfixiante.

En Iciz, una oportunidad así no puede desperdiciarse, el calor sigue siendo asfixiante.

En Iciz volvemos a la carretera, que seguiremos durante 7 kilómetros bastante favorables, a velocidad media de 22km/h, hasta llegar a Sarriés. Nada más abandonar la carretera atravesamos Ibilcieta, donde se inicia el penúltimo y más duro ascenso de la etapa. Son 11,5km al 5,2% de media, con gradientes máximos del 27%, que empieza como una pista de grava y acaba como un camino de tierra, aunque en bastante buen estado. Cuando coronamos nos quedan 9,4km hasta el último avituallamiento en Aburrepea, aunque vamos descendiendo no nos ahorramos alguna rampa del 10%. Llevamos 118km y más que cansados, que lo estamos, nos sentimos hartos ya de la bicicleta. Sí, a veces uno se siente así, después de seis días de calor infernal por los Pirineos, de estar pendiente del reloj y del cuentakilómetros, en una etapa así de larga, uno se siente harto.

Genuino gesto de felicidad, por fin llegamos al último avituallamiento antes de meta.

Genuino gesto de felicidad, por fin llegamos al último avituallamiento antes de meta.

De todas formas los avituallamientos son siempre una “fiesta”. Los familiares de unos corredores van siguiéndoles y esperándoles en los avituallamientos. Por su aspecto diría que son nórdicos, viajan en un gran coche familiar, la familia al completo, y no se ahorran ni aplausos ni vítores. Tanto a sus familiares como al resto de corredores. También sigue en la brecha el sudafricano a quien acompañamos en la segunda etapa. Cocido por el calor que aún hace a las seis de la tarde y a 900 metros de altitud, se mete entero en un abrevadero de animales que hay junto al avituallamiento. Nosotros también nos remojamos, pero de manera menos espectacular.

Alguién nos sopló que de dentro de un cobertizo manaba un agua helada riquísima.

Alguién nos sopló que de dentro de un cobertizo del pueblo de Aria manaba un agua helada riquísima.

Nos quedan aún 19km hasta el final de etapa, de los cuales 8,8km son por carretera (casi todos de bajada). En Aria empieza la última subida del día, por caminos rurales, aunque el track se mete por una vereda muy frondosa que nos hace maldecir, y no es la primera vez esta etapa, a los organizadores. Realmente en el grupo vamos “calentitos”, el día se nos está haciendo muy largo y no vemos el momento de llegar a Burguete. Finalmente, después de una bajada a toda velocidad por en medio de un prado, llegamos a Burguete tras 11h 48min de etapa. Todo se olvida tras pasar por el arco de meta, especialmente hoy: solo queda ya una etapa.

El ambiente en la zona de masaje se mueve entre el agotamiento y la felicidad. Hoy la gente de +QueBici está trabajando en una especie de escuela, repartidos entre las diferentes estancias. En la sala donde estoy hay cuatro o cinco camillas, y se inicia una espontánea tertulia entre masajistas y masajeados sobre los clásicos del cine. Es una escena algo surrealista, quizás porque también necesitamos descansar la mente, la conversación ayuda también a destensar nuestra cabeza, que momentos antes había entrado en un terrible bucle donde solo caben kilómetros, desniveles y el tiempo que falta para llegar a meta.

El sitio donde pasaré la noche está en Roncesvalles, a unos pocos kilómetros de la llegada en Burguete, así que tomo un autobús lanzadera que va haciendo el trayecto para llegar a Roncesvalles, después de dejar la bici con los mecánicos. Hoy vuelve a ser tarde, hemos llegado casi a las ocho, y cuando llego a mi hostal (Casa Sabina) y estoy instalado y duchado son ya casi las nueve y media de la noche. Bajo a comer y me topo con los peculiares horarios de la restauración en Roncesvalles: la cocina propiamente dicha está ya cerrada, apenas me pueden cocinar una hamburguesa con patatas. Dado que al lado de mi hostal está el hotel Roncesvalles y otro bar, intento la estrategia de la doble cena: comer aquí lo que sea y salir disparado hacia otro local para acabar de cenar. Como a toda velocidad y me planto en el hotel Roncesvalles, donde por suerte como un plato de pasta. He comido muy rápido y no muy bien y para acabarlo de empeorar, antes de subir a mi habitación compro un helado para comérmelo en la habitación. La cena no me ha sentado demasiado bien a juzgar por cómo me siento, pero el helado está bueno y me lo tomo entero. La obsesión por comer ha hecho que coma muy rápido, y mi estómago, que normalmente es resistente y todo terreno, empieza a resentirse después de casi una semana de excepción.

Paso una muy mala noche. Hace mucho calor, tengo un horrible ardor de estómago y diarrea que me obliga a levantarme varias veces durante la noche.

Transpyr 2015 Etapa 7: Burguete – Hondarribi